Entre las piernas
A la Tana le encantó que la semana pasada Carolina Armero dijera bien clarito que las mujeres no tienen orgasmos vaginales, sino clitorianos. No queda otra que rindiera tributo al tesoro que esconde entre las piernas.

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Madrid
Seguro que no soy la única que en su más tierna infancia colocaba la almohada en el borde de la cama para subirse a ella a horcajadas. Cualquier excusa era buena; siempre lo es. El caso era restregarse de arriba abajo; frotarse bien. En aquellos años no podía ni imaginar lo importante que sería haber descubierto aquel juego; momentos de gloria descubriendo el fabuloso tesoro que escondo entre las piernas.
Te pasas media vida creyendo que es un extra lo que ocurra justo ahí. Mejorando la técnica a través de los dedos de otros, completando la jugada con los tuyos y por fin alguien con más criterio y conocimiento que tú dice abiertamente lo que ya sospechabas: puede que te gusten las pollas enormes porque tenerlas dentro supone fundirte íntimamente con su propietario, pero a ti como al resto de las mujeres de este planeta, lo que más te gusta sigue siendo lo mismo que cuando te restregabas de pequeña contra la almohada.
De qué si no recuerdas con nombres y apellidos a todos los que no te importó lo más mínimo que la tuvieran tan pequeña…
Dejen de medírsela tanto, señores. Les hemos liberado de un suplicio, si lo piensan. No importa lo que puedan enseñar en los vestuarios del gimnasio porque nosotras ya reconocemos la poca importancia que tiene el falo que pasan por todas las camas que quieran. Brindemos por haber puesto en su sitio la masculinidad que los ha obligado a creerse mejores amantes por unos centímetros de más. Me gustan los hombres capaces de cogerme a pulso y les presupongo una verga acorde a sus dimensiones que también son las mías. Pero lo que más me puede gustar es que me separen las piernas con sus propias manos y exploten mi entrepierna con su lengua.
Lámeme, bésame… 8.000 terminaciones nerviosas rendidas a cada uno de tus lamidos. Siéntete realmente poderoso bebiéndome entera. Haz que no caiga en la cuenta de si tu polla mide más o menos; ya cambié toda la moralidad por la oralidad que aconteciera entre mis piernas.




