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Domingo, 15 de Diciembre de 2019

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Cinco lecciones que nos deja 'Spotlight'

La cinta de Thomas McCarthy defiende un periodismo humilde y sin brillo en la era digital basado en el trabajo en equipo que contrasta con la crisis actual de la profesión

Spotlight dio la sorpresa la noche de los Oscar cuando todo parecía que El renacido, tras ganar la estatuilla a mejor dirección para Iñárritu, iba a alzarse con el gran galardón. Sin embargo, como en un remate a última hora, Spotlight consiguió el ansiado Oscar. Alejada del idealismo de The Newsroom, la serie sobre periodismo de Aaron Sorkin, la cinta de Thomas McCarthy bebe de la quinta temporada de The Wire, de David Simons.

Refleja la investigación en 2002 -época en la que periodismo exisía sin redes sociales-, de un equipo de reporteros que destapó los escándalos de pederastia cometidos durante décadas por curas de Massachussets, frente a la radical oposición de los poderes fáticos de la ciudad de Boston, en especial de la Iglesia.

Es un thriller periodístico protagonizado por Mark Ruffalo, Michael Keaton, Liv Schreiber y Rachel McAdams, que nos enseña algunas lecciones importantes para los que seguimos en el oficio.

1.- Periodismo sin estrellas

Si algo defiende Spotlight es el periodismo del día a día, sin glamur, sin apellidos ilustres, sin egos, ni personalidades. La maestría del guion radica precisamente en mostrar la elaboración de una exclusiva, como la de los abusos sexuales de curas a niños, con la meticulosidad de un relojero. En Spotlight no hay frases grandilocuentes ni actos heroicos. Hay trabajo y poco sabemos de quiénes realizan el trabajo, ni de su vida privada, ni de sus antecedentes periodísticos. Sabemos que trabajan, que tienen que lidiar con el tema escabroso con el que están tratando y con su propia relación con la Iglesia católica. Una de las críticas a esta película ha sido su falta de espectacularidad, pero lo que hace Thomas McCarthy es retratar con un realismo muy fino el tedioso día a día de cualquier profesión. Asegura Iñaki Gabilondo que "el cine tienda a mostrar los momentos álgidos de cualquier profesión, incluída el periodismo".

2.- Trabajo en equipo

Decía Lope de Vega: “Cada alcalde vale tanto como el rey, y juntos mucho más que él”. Por eso es tan importante que en Spotlight la exclusiva no sea de un jefe, ni un redactor estrella, sino de un equipo. Pero además, de un equipo que trabaja sin dar codazos al de al lado. Cada uno se encarga de una parte de la exclusiva y, hasta que todas esas investigaciones individuales no estén al mismo nivel, la noticia no se publica.

3.- Alegato contra la pereza

Aquellos que ven en Spotlight una defensa del oficio se equivocan al no darse cuenta de que la cinta está cuestionando la vaguería de un periodismo anquilosado y alejado de la ciudadanía. Cuando se habla de la crisis del periodismo, se pone el acento en la cuestión económica y se olvida que algunos periodistas también han resultado ser víctimas del llamado síndrome de la Moncloa. Al periodismo le ha pasado como a la política que, como diría el semiólogo Martín Barbero,  es cada vez menos aquello que nos congrega o que nos hace sentir juntos.

De hecho, Spotlight deja un sabor amargo, ya que esos mismos redactores archivaron años atrás en un rincón de la redacción las denuncias de esas mismas víctimas a las que años después dieron voz. Alguien no vio la noticia, no quiso verla o le dio pereza ponerse a investigar. Por tanto, encontramos que la pereza y la vaguería son grandes enemigos del periodismo actual.

4.- Periodismo sin trending topic

El trabajo de Spotlight, nombre de ese equipo de investigación de The Boston Globe, era un trabajo local, que acabó en un asunto global que ha llegado hasta el mismísimo Vaticano. Los trabajadores no pensaban ni en el Pulitzer, que finalmente ganaron al año siguiente, ni en convertirse en trending topic. El ego del periodista ha visto en las redes sociales una oportunidad única de extenderse todavía más. Si algo nos enseña la cinta ganadora del Oscar es que las cosas no se hacen para triunfar en redes sociales, sino porque es nuestro trabajo.

5.- Respeto a las víctimas

Uno de los errores de las películas sobre periodismo (salvo la genial Primera plana de Billy Wilder y algún otro ejemplo) ha sido la exaltación de la verdad con mayúsculas. "No es que tengamos el derecho de decir lo que se nos antoje, sino que sabemos que a ello de le puede dar varias interpretaciones", dice el filósofo Paul Ricoeur y  Spotlight recoge ese pensamiento. La cinta evita entrar en disquisiciones filosóficas sobre el tema de la objetividad y se posiciona en el lado de las víctimas. Contar las cosas con honradez y con respecto a las víctimas es la máxima de estos periodistas.

Gran lección en tiempos convulsos y de telepredicadores. Ahora nos queda trabajar por una sexta, que no aparece en el filme, contra la pasividad del oyente, lector o espectador porque, como diría Umberto Eco: "El auténtico fango es la pasividad de los consumidores de noticias".

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