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Música
DAVE RAWLINGS MACHINE

Malditos personajes secundarios

El esquivo David Rawling, personaje secundario en decenas de discos, salta a la primera línea con ‘Nashville obsolete’, uno de los mejores álbumes de 2015

David Rawlings junto a su mujer, la cantante Gillian Welch / EVERLASTING

Madrid

Hay personajes que se sienten cómodos en la segunda fila, en planos que no los enfocan de cerca. Músicos que no necesitan salir en las portadas de las revistas o en las carátulas de los discos.

David Rawlings ha pasado su carrera alejado de los grandes focos y sin embargo su música es un regalo difícil de encontrar pero fácil de disfrutar. Tras acompañar a su mujer, la fabulosa Gillian Welch, en todas sus aventuras y apuntarse a batallas junto a Ryan Adams, Robyn Hitchcook o Bright Eyes, Rawlings ha regresado al estudio para volver a grabar sus propias canciones, las primeras desde 2009.

El regreso del músico de Rhode Island ha sido uno de los grandes discos olvidados de 2015. Titulado 'Nashville obsolete', la nueva entrega de Dave Rawlings Machine, banda en la que también figura su mujer y viejos amigos, es un disco hermoso y pausado, una joya de temas largos y tranquilos que llenan la habitación de luz y de una comedida alegría. Canciones como 'The weekend', la larga 'The trip' o la fabulosa 'Pilgrim' captan el inmenso talento de este veterano músico, de este personaje secundario con talento y dotes de protagonista que a pesar de ello se siente más cómodo de compañero que de principal, una pena viendo el calado de sus canciones y lo escaso aunque brillante de su discografía.

La anterior entrega de Rawlings, el bien recibido 'A Friends of a Friend', surgió más como un juego que otra cosa. Un disco de versiones grabadas entre amigos que se juntan a pasar el rato, un trabajo que sonaba bien pero que tenía pocas pretensiones. La cosa, seis años después, es bien distinta. 'Nashville obsolete' es un álbum de temas propios que recopila todo el talento de Rawlings como músico y como compositor, un disco apasionante para los amantes de los sonidos de raíces americanas que rompe las reglas del género con canciones largas, algunas superan los diez minutos, y con ritmos hipnóticos y seductores, con una instrumentación cuidada y elegante que se muestra tan idónea para el primer café de la mañana como para el último whisky de la noche. Un álbum redondo que te lleva a maldecir las pocas ganas de protagonismo de un músico tan genial como Dave Rawlings.

 
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