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Llorar no es la respuesta

La imagen de la comisaria europea Federica Mogherini llorando exhibe una gran virtud humana, la empatía, y desnuda una carencia política, la responsabilidad. Resulta especialmente paradójico que Federica Mogherini sea la responsable europea de la cartera de Exteriores, o sea la encargada de proyectar la imagen de Europa al mundo. Y del mismo modo que es comprensible que la unidad ciudadana se haga alrededor de la lágrima, del Tintín dañado y de lazos negros en banderas belgas, la política europea no puede reaccionar llorando en público a un atentado de quien quiere destruir su modo de vida. Por responsabilidad con quienes tienen el deber de proteger y prestigiar, y por dignidad ante los terroristas que esperan esas reacciones para alimentar su fanatismo y su delirio. Una comisaria europea no puede llorar en un día así. No tanto por dar muestras de debilidad como de seguridad, de aplomo, de saber cómo se tiene que reaccionar más allá del llanto y el desconsuelo. Representa a Europa, a los ciudadanos europeos, y la respuesta política de Europa no puede ser llorar. Se llora en casa, se llora en un cuarto de baño, se llora en un aniversario. El día del atentado un dirigente político no puede trasladar sus lágrimas a los ciudadanos. Debe de trasladar la sensación de que sabe lo que hay que hacer, aunque no lo sepa.

La responsable de política exterior europea, Federica Mogherini llora durante una conferencia de prensa al referirse a los atentados de Bruselas / MUHAMMAD HAMED (REUTERS)

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