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Viernes, 24 de Enero de 2020

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Pequeño pero matón

El próximo día 30 se cumplen tres décadas del fallecimiento de James Cagney, una de las grandes estrellas del cine negro.

Nació en Nueva York el 17 julio de 1899 e iba para ingeniero agrónomo. Lo de hacerse actor fue sólo para ganar, al principio, unos cuantos dólares. Pero la obra en la que intervino fue un éxito y en los diez años siguientes James Cagney se convirtió en un actor de prestigio en Broadway. En 1930 el actor Al Jolson vio una obra suya y recomendó a la Warner que comprara los derechos para el cine. En su recomendación decía también que Cagney debía interpretar el papel en la pantalla.

Su cuarta película, “El enemigo público” le lanzaría a la fama. Se trataba del film más violenta y cruel que el público había visto hasta entonces. Aún hoy está considerada por el “American Film Institute” como una de las diez mejores películas de "gángsters” de la historia. En ella Jimmy Cagney perfilaba ya un tipo de personaje que repetiría una y otra vez durante muchos años y muchas películas. El del gánster nervioso, sarcástico y agresivo. Su altura, metro sesenta y seis, no era ningún impedimento.

Luego llegarían títulos como “Los violentos años 20”, junto a Humphrey Bogart, “Ángeles con caras sucias” o “G Men contra el imperio del crimen”, James Cagney pasó de cobrar 400 dólares a la semana a 150.000 por película, lo que le convirtió en una de las estrellas mejor pagadas de Hollywood.

Pero James Cagney no hizo solo de gánster. Sabía cantar, era un gran bailarín y tenía talento para la comedia. Hizo westerns, comedias musicales, películas bélicas o dramas. Incluso cuando hacía de malo se preocupaba de dar cierto toque humano al personaje, de tal manera que acababa ganándose al público. Uno de sus mayores éxitos fue hacer del patriótico artista George M. Cohan, en “Yanky Dandy”, papel que le valió el único Oscar de su carrera.

También le recordamos en títulos como “Quiéreme o déjame”, “La ley de la Horca”, “Al rojo vivo” o “Uno, dos, tres”, de Billy Wilder. Luego se retiró al campo para dedicarse a lo que siempre había querido, ser un granjero. En 1981 volvió al cine para hacer un papel en la película “Ragtime” de Milos Forman. Esa fue su última interpretación. James Cagney murió el 30 de marzo de 1986. Atrás quedaban 63 películas y una de las carreras más fructíferas de Hollywood. La de un auténtico gigante… a pesar de su estatura.

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