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La guerra secreta

Hablamos con Max Hastings sobre el espionaje en la Segunda Guerra Mundial

Conocemos junto a Jacinto Antón La guerra secreta. Espías, códigos y guerrillas. 1939-1945 (Ed. Crítica) , el último libro de Max Hastings (Londres, 1945). Hastings es periodista, se formó como militar (llegó a ser paracaidista) y fue durante décadas corresponsal de guerra. Fue la primera persona (14-07-1982) en entrar en la capital de las Malvinas tras la derrota del ejército argentino y fue testigo privilegiado en la Guerra de los Seis Días entre israelíes y árabes.

Tres son los apartados de este ensayo, apartados que se corresponden con los recogidos en el subtítulo. En cuanto al espionaje en sí, conocemos a algunos de los agentes secretos más destacados durante los años de la contienda: Richard Sorge, alemán, quien, desde Japón,  informó a la Unión Soviética de las principales decisiones militares del gobierno del III Reich, aunque Stalin no le hizo demasiado caso (fue descubierto y ejecutado en 1944); los Cinco de Cambridge, británicos, comunistas convencidos, que espiaron también para la Unión Soviética durante la contienda y durante la posterior guerra fría (el más destacado fue sin duda Kim Philby); y por supuesto, Joan Pujol, Garbo para los británicos, Arabel para  los alemanes, un catalán que consiguió engañar a Hitler haciéndole creer que los aliados desembarcarían en el Paso de Calais y no en Normandía.

La segunda categoría hace referencia a la encriptación y desencriptación de mensajes. Los alemanes realizaban esta labor con la famosa máquina Enigma; los aliados montaron Ultra para intentar descodificar esos mensajes enemigos. Lo consiguieron, fundamentalmente gracias a los hombres y las mujeres de Bletchley Park (Reino Unido). Entre los nombres de quienes trabajaron en esas dependencias destaca el del matemático Alan Turing, que inventó la "bomba", una máquina que permitía desencriptar los mensajes de Enigma con la velocidad suficiente para que esa información pudiera ser utilizada por las tropas de una forma eficaz. Los dirigentes del III Reich nunca supieron que Enigma había sido descifrada.

Otro de los grandes apartados de La guerra secreta es la guerrilla o cómo las potencias aliadas apoyaron a las poblaciones ocupadas para sabotear la labor de las fuerzas de ocupación. Mucho se ha escrito sobre la trascendencia de las acciones de la Resistencia (principalmente la francesa) en el resultado final de la contienda. Hastings defiende que esa importancia fue menor, y que, en todo caso, lo que supuso fue un impulso moral para las gentes de los países ocupados, que se sentían así algo más reconfortadas ante la evidencia del "rodillo" de la invasión.

Escucha la entrevista en versión original:

Escucha la entrevista con Max Hustings doblada:

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