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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

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Berlín bien valía una misa…

El Real Madrid debe empezar a enfrentarse a una profunda renovación

Pablo Laso, durante el segundo partido de los cuartos de final de la Euroliga de baloncesto ante el Fenerbahçe / ()

La noche del martes al miércoles Pablo Laso seguramente vivió su partido más triste desde que es entrenador del Real Madrid. Recuerdo haberle visto muy tocado tras perder en Londres o en Milán cuando en ambas ocasiones se quedó a las puertas de ganar la Euroliga. Pero es que esta vez el equipo no ha llegado a las puertas. Como mucho ha visitado el jardín.

El jardín en que le han metido los nuevos fichajes y la edad que va cumpliendo su plantilla. Las llegadas de este año se pueden calificar como decepcionantes siendo generosos. Más bien. Desde luego Taylor, Ndour y Thompkins no van a pasar a la historia del Real Madrid. Y la recuperación de Rivers de la liga alemana tampoco se asemeja por ejemplo a lo que fue la "operación retorno" de Sergio Rodríguez de la NBA. Los cuatro nuevos juntos no llegarían al aprobado en este curso ni uniendo las notas de todos ellos. Taylor no sabe tirar, Thompkins no sabe jugar dentro de la zona, Rivers parece su hermano gemelo malo y Ndour… bueno de Ndour no tenemos siquiera noticias de si es bueno entrenando.

Para juntar el hambre con las ganas de comer Laso se ha encontrado con la inexorable realidad del paso del tiempo. Todos los jugadores que eran básicos el año pasado tienen un año más. La perogrullada no pasaría de serlo si no fuera porque la ausencia de peso de los citados nuevos fichajes ha hecho que los jugadores importantes hayan tenido que jugar más minutos teniendo más edad. Y eso ha valido para ganar una Copa en La Coruña pero no para llegar a la Final Four. Hombres como Llull, Reyes o Sergio Rodríguez se ven a estas alturas de temporada, con tanto esfuerzo, un poco faltos de gasolina.

Así que el Real Madrid debe empezar a enfrentarse a una profunda renovación. El equipo debe buscar un pivot alto que complemente a Gustavo Ayón. Doncic ganar en protagonismo en la rotación pero no como base. Tendría que buscar un cuatro con capacidad para jugar fuera pero también dentro. Y decidir si apuesta o no por Willy Hernángomez. Todo eso y depurar lo fichado este año. Unos fichajes que, a la vista del rendimiento, parecían hechos por el mismísimo Joan Creus.

Eso sí, no hay que olvidar que a esta generación la juzgará su trayectoria. Y este grupo el año pasado lo ganó todo. Sería injusto olvidarlo. Pero entonces los españoles jugaban menos y más minutos de calidad, Slaughter aportaba defensa y cohesión y Mejri y Bourousis intimidación. Y además los rivales en Europa no tenían la potencia y el presupuesto de esta temporada.

El caso es que la tristeza en el vestuario tras la derrota era profunda. El núcleo duro español tenía en la cabeza que quizás era la última vez que podrían llegar más o menos en plenitud a una gran cita europea. Pero remontar un 0-2 no lo había logrado nadie. Tenían claro que debían hacer algo único. Habría seguro que rezar. Y estoy seguro de que alguno lo hizo. En este caso Berlín bien valía una misa… desgraciadamente, y a pesar de los rezos, para Laso ayer en el Palacio no apareció ni el buen "espíritu" ni ningún "santo". 

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