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Domingo, 23 de Febrero de 2020

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Nacer siendo un asesino

Manuel Delgado Villegas asesinó a cuarenta y ocho personas. Después de su captura, protagonizó uno de los periplos más bizarros de la Historia de la criminalidad española.

Manuel Delgado Villegas jamás buscó un motivo para matar porque su única razón para hacerlo era disfrutar. Vagabundeó por toda la península entre 1964 y 1971 dejando tras de sí un largo reguero de sangre. La prensa le atribuyó más de 20 muertes. Pero él mismo decía ser el autor de muchos más asesinatos. Manuel Delgado presumía de haber matado a 48 personas. Eso lo convertía en el asesino más sanguinario de la historia de España. Así fue como se convirtió en “El Arropiero”.

Manuel Delgado se ganó su mote cuando el mal ya estaba hecho. La del “Arropiero” es una historia en retrospectiva, un relato de cómo él y el hombre que lo detuvo, Salvador Ortega, deshicieron sus pasos recorridos para reconstruir los crímenes perpetrados por toda la geografía española. Así nos lo explica la investigadora Mónica González Álvarez.

Hombres, chicas, mujeres de avanzada edad… las víctimas del “Arropiero” no respondían a un patrón. Simplemente eran pobres almas que un día tuvieron la mala suerte de cruzarse en su camino. Para él, los cadáveres eran su campo de juego y en más de una ocasión, visitó los cuerpos ya fríos para practicar sexo con sus víctimas.

Sus métodos para matar eran tan simples como su macabra mente. Un golpe. Fuerte y seco. Lo aprendió durante su estancia en La Legión. Consistía en golpear con la mano abierta el cuello de la víctima. Eso la dejaba sin respiración, quedando a su merced para satisfacer sus más oscuros deseos. Sin duda, un asesino en serie único, tal y como lo definió el autor del documental “El Arropiero, el vagabundo de la muerte”, Carlos Balagué.

LA VIOLENCIA EN LOS GENES

Analfabeto, limitado intelectualmente y marginal. Los genes de Manuel Delgado estaban marcados con el cromosoma XYY. Popularmente llamado como el cromosoma de la criminalidad, una patología habitual en serial killers y violadores y que los dota de una falta total de conciencia, empatía o sentido de la culpabilidad.

La prensa de la época se preguntaba si alguien podía nacer siendo un asesino. Sería macabro pensar que la muerte de su madre durante el parto tuvo algo de premonitorio, pero lo cierto es que sí que lo condenó a una vida de precariedad tanto material como afectiva.

Abandonado por su padre, Manuel tuvo que vivir entre palizas y amenazas. Creció en un entorno hostil que creó el clima adecuado para la gestación de un asesino en potencia.

A medida que pasaron los años se volvió más y más agresivo hasta que, cuando fue expulsado de La Legión, empezó su particular baño de sangre. Jamás nadie lo persiguió, nunca nadie sospechó de él pero la aparición del cadáver de Toñi, su novia, medio desnuda, violada y con una media en la cabeza, evidenció una realidad que había permanecido a la sombra demasiados años.

 

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