Jueves, 06 de Agosto de 2020

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ENCICLOPEDIA CURIOSA DEL CINE

Las infames “listas negras”

El estreno de la película “Trumbo” recuerda el caso de “las listas negras” uno de los episodios más vergonzosos de la historia de Hollywood.

Las infames “listas negras”

Caza de brujas

Se acaba de estrenar “Trumbo” película biográfica que cuenta la historia del guionista Dalton Trumbo, uno de los llamados “10 de Hollywood”, aquellos profesionales del cine que se negaron a declarar ante al comité de Actividades anti norteamericanas, acogiéndose a sus derechos constitucionales. Todos ellos fueron acusados de desacato, juzgados y condenados con pena de cárcel. Hace unas semanas era “¡Ave Cesar!”, la película de los hermanos Cohen la que trataba el tema aunque de forma humorística. “Trumbo”, la película protagonizada por Bryan Cranston, el actor conocido por su personaje de Michael White en la serie de televisión “Breaking bad” y que fue candidato al Oscar al en la pasada edición de los premios por su papel en esta película, aborda de forma mucho más seria el asunto.

“La caza de brujas” fue un proceso que se dio en Estados Unidos a partir de 1947, y que consistió en “depurar” la industria de todos los sospechosos de comunismo. ¿Y quién era sospechoso? Pues todo aquel a quien un colega acusara de serlo y a que a su vez se negara a delatar a un tercero. Durante aquellos vergonzosos años en Hollywood circulaba una lista negra. Quien formara parte de ella no encontraría trabajo en la ciudad. Aunque, eso sí, hubo quien sobrevivió haciéndose pasar por otros. Es el caso del guionista Dalton Trumbo quien firmó bajo seudónimo guiones como los de “Vacaciones en Roma” (1953) o “El bravo” (1956) que ganaron el Oscar sin que Trumbo pudiera reconocer su autoría.

“La caza de brujas” sólo puede ser entendida en el contexto de la posguerra. El partido republicano había llegado al poder. Se vivían los albores de la guerra fría y se temía que la URSS tratara de infiltrarse ideológicamente a través de los grupúsculos comunistas. La agitación en Hollywood comenzó en 1947. Aquel año, buscando no tanto izquierdistas como publicidad, el Comité de Actividades Antinorteamericanas, dirigido por el senador Joseph McCarthy, citó a declarar en Washington a cuarenta y un profesionales del cine. Productores como Mayer, Walt Disney o Jack Warner declararon sin problemas, en calidad de “testigos amistosos”, pero diez de los convocados –“los diez de Hollywood”–, guionistas en su mayoría, se negaron a colaborar.

Se sentían en principio apoyados por sus compañeros. De hecho, un grupo de estrellas de tendencia liberal, en el que figuraban Lauren Bacall y su marido Humphrey Bogart, voló a Washington para acudir a las sesiones. Pero, según cuenta el director John Huston, que también estuvo allí, la actitud de “los diez” fue altanera, y durante el proceso la opinión pública se fue deslizando paulatinamente hacia un anticomunismo visceral. Como, llegados a ese punto, la imagen de aquellos “diez malos americanos” vinculados a Hollywood podía perjudicar a la taquilla, los grandes productores, reunidos en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, acordaron rescindir sus contratos. Por si eso no bastara, “los diez de Hollywood” fueron condenados por desacato a un año de cárcel y a multa de mil dólares.

Poco más tarde, a principios de los cincuenta, nacieron las listas negras. A la par que una nueva comisión seguía investigando Hollywood, cualquier sospechoso era expulsado de la industria. Unos se delataban a otros porque, en aquel clima, el mero hecho de negarse a dar nombres se interpretaba como izquierdismo. Hubo en total unas setecientas testificaciones. Según relata en un libro Patricia Bosworth, hija de un perseguido, aquéllos que figuraban en la lista negra, además de escribir con seudónimo, tenían que cobrar en dinero negro, no podían abrir cuentas y sus conversaciones telefónicas eran espiadas por el FBI. A menudo las acusaciones no tenían fundamento alguno. Un guionista llamado Louis Pollock pasó cinco años sin trabajar porque lo habían confundido con un sastre de California que se había negado a testificar y que tenía el mismo nombre.

A lo largo de aquellos años, Charles Chaplin se vio obligado a huir del país y se instaló en Suiza y el actor John Garfield murió de un infarto fruto de la tensión que le produjeron las investigaciones. El director Joseph Losey también tuvo que exiliarse a Inglaterra para no acabar en prisión. Algunos de los que colaboraron con el comité como John Wayne lo hicieron por motivos ideológicos. Creían que apoyaban a su país en la lucha contra el comunismo y la Unión Soviética en el comienzo de la guerra fría. Otros como Edward G Robinson dieron diversos nombres para no verse implicados en la depuración. Delatar a compañeros, durante aquellos años, se convirtió en un siniestro juego que tenía como fin salvar la propia piel.

Pero si hay una delación famosa durante la Caza de Brujas esta es la Elia Kazan. A finales de 1951 el director de “Al esté del edén” recibió una citación para acudir a declarar, en sesión secreta, ante el Comité de Actividades Antinorteamericanas. Al final, el director acabó dándoles lo que buscaban: los nombres de sus antiguos compañeros del Partido Comunista, al que había pertenecido durante diecinueve meses entre 1934 y 1936. Elia Kazan nunca se arrepintió públicamente de su acción. Es más en 1954 dirigió “La ley del silencio” que para muchos es un justificación abierta de su delación.

Cuando en 1999 la Academia de Hollywood le concedió un Oscar honorífico por toda su carrera, media platea permaneció sentada, con los brazos cruzados, sin aplaudirle, en señal de protesta. Muchos actores represaliados por las listas negras protestaron por la entrega de este galardón. Había pasado medio siglo desde que comenzó “la caza de brujas en Hollywood” y la herida aún no estaba cicatrizada. Y es que el episodio de las listas negras ha sido uno de los periodos más amargos de la historia del cine americano.

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