Antes de morir los sindicatos, que mueran las injusticias

Madrid
Primero de mayo, banderas al viento y militantes a la calle. Al tiempo, una vez más, hay que escuchar y leer a la caverna, insultar una y otra vez a los sindicatos, que seguro que han de renovarse – ¿quién lo pone en duda?- pero no más que las patronales, por ejemplo. Para empezar, no conozco el nombre de ningún sindicato que tenga en la cárcel, y por muchos años, a su ex gerifalte, caso de Gerardo Díaz-Ferrán. Así que menos lobos y más mirar a otras latitudes.


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Tienen los sindicatos europeos –del resto ya ni hablamos- una tarea imposible sobre sus espaldas, como es la de luchar contra el tsunami de los últimos treinta años que se llevó por delante la universal aspiración al estado de bienestar, además de hacer frente a los efectos devastadores de la gran crisis de 2008, la generada por banqueros ladrones y otras especies depredadoras de similar calibre. Bastará con un dato: el salario real en España, en los últimos diez años, se ha reducido un 25%, mientras que en Gran Bretaña solo ha bajado un 7,5, y en Estados Unidos y Alemania, todos ellos también con crisis, ha subido un 5%.
¿De verdad que ante un paro gigantesco, sobre todo juvenil, además de la imparable y humillante precariedad de los contratos basura, conviene a los trabajadores la muerte de los sindicatos?




