Segundas oportunidades
Morike emigró a España con lo puesto y sin oportunidades. Hoy, gracias a la ayuda desinteresada, tiene una vida feliz y se dedica a ayudar a los que más lo necesitan.

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En 2002, un joven africano llamó a la puerta de Cesáreo Villagra, en Barcelona. Morike Keita tenía entonces 19 años y no hablaba español, pero su aspecto dejaba claro que necesitaba comida, cobijo y ayuda. Nacido en Guinea Conakry, aterrizó en Barcelona tras llegar a España junto a otros inmigrantes. Escuchó muchos 'lo siento' mientras se recorría la ciudad en busca de trabajo, hasta que Cesáreo y su mujer le abrieron las puertas de su casa y, con ellas, las de una segunda oportunidad para construir su vida.
A más de 2500 kilómetros de Barcelona, Kane protagoniza otra de las pocas historias de inmigración que terminan con final feliz. Natural de Mali, se embarcó en una patera con 17 años rumbo a las Islas Canarias. Tras pasar por un centro de menores decidió quedarse para ayudar a todos los que, como él, emprenden el camino de ida sin saber si algún día llegarán.
Kane y Morike, que ahora tienen vidas estables, destinan parte de su tiempo y sus ingresos a ayudar a los menores que llegan a España y a la gente de su aldea en la construcción de pozos, escuelas, instalación eléctrica... Una buena manera de devolver lo que han recibido y seguir generando segundas oportunidades.




