De exclusivas obscenas y de una sociedad más empobrecida
"Convendría averiguar la procedencia de la basura, que fíjense que muchos ciudadanos temen que provenga de alguna recóndita cueva de ese ministerio que rigen mentes algo trastornadas"

Madrid
Tentado estaba este Ojo de hincarle el diente a esas exclusivas con pagos venezolanos de cierto pimpollo digital dirigido por aquel señor amamantado a los pechos del más obsceno pedrojotismo, tertuliano de pro —qué risa— en lo más granado de la progresía patria. No porque importe nada de lo que diga o escriba tal sujeto, kikirikí, sino porque convendría averiguar la procedencia de la basura, que fíjense que muchos ciudadanos temen que provenga de alguna recóndita cueva de ese ministerio que rigen mentes algo trastornadas, acostumbradas a convivir con vírgenes y ángeles de la guarda.


Pero al final el Ojo se rinde a ese estudio, tremendo, que nos ha contado cómo tres millones de españoles dejaron de ser clase media para hundirse en las simas del empobrecimiento. Aquel sueño del capitalismo que iba a hacernos ricos a todos no ha sido otra cosa al final del camino para muchas familias trabajadoras, que un sube y baja cruel desde la miseria al respiro de una vida digna para volver a vivir de la caridad tras haber probado, solo con la punta de la lengua, las buenaventuras que ofrece un trabajo digno, estable y bien pagado.
Todo mentira, que los ricos no bajan, los de en medio son menos, y los de abajo son más, muchos más. Sabido lo cual, ¿de verdad van ustedes a votar a los mismos?




