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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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Shirley Temple

La primera niña prodigio de Hollywood

Podría destacar distintos momentos de mi vida. Podríamos hablar muy en especial de mi infancia, pero lo que me honra como persona y como profesional es haber asumido el final.

Es complicado digerir que a una la dejen de llamar, la consideren mayor o la olviden porque esta industria es así y porque el tiempo ha pasado… Una pasa de ver en los estantes de las tiendas muñecas de porcelana de sí misma a no recibir ofertas. Tenía una muñeca propia, se vendían réplicas de los trajes que llevaba en las películas, los discos con las canciones, tazas, revistas…hasta lazos para el pelo. En su país, en España, se vendían recortables con mi forma y al adaptación venía con los vestidos de flamenca o el uniforme de la Sección femenina.

El éxito fue tal que me cambiaron hasta mi partida de nacimiento, y no me enteré hasta que cumplí trece años de que en realidad, cumplía doce. Y eso que los comienzos fueron polémicos. Llevamos a cabo las llamadas “baby burlesques”, películas cortas en las que niños parodiaban a adultos. Tenía entonces tres años, pero ya había hecho cortos y publicidad.

Con esta experiencia, enseguida me convertí en una auténtica profesional, aunque en tamaño mini y llena de rizos. Llegaba a grabar siempre con la coreografía aprendida, con el texto sabido, y dispuesta a darlo todo aunque estuviera agotada de tanto ensayar. Tuvo mucho que ver mi madre que siempre estaba por detrás apuntando: ¡Brilla!, ¡Brilla!

'rebelde'

Shirley Temple junto a Bill "Bojangles" Robinson

Mis actuaciones contaban con todas las disciplinas: cante, baile, interpretación…Había mucho drama, mucha emoción y mucha música…Y los argumentos de las películas que me lanzaron directa a la fama convertida hasta en una muñeca no eran muy distintos ni tampoco muy complicados. Casi siempre fui dirigida por Bill Robinson, quien fue mi pareja en mis películas más taquilleras. Hablaron de nosotros como la primera pareja interracial del cine, pero lo cierto es que para uno de los estrenos en el Sur, la Fox tuvo que cortar una escena por miedo a la reacción del público racista.

Eran otros años,era la Gran Depresión. Dijeron entonces que fui la sonrisa optimista de esta época. Se inició así la moda del jazz, del baile del claqué y del cine musical.

Pero empezábamos hablando del final. Fui una de las pocas actrices que, triunfando tan joven, ha sabido reinventarse y emprender una carrera lejos de los focos y las cámaras.

Era 1949 cuando me divorcié y también cuando decidí dejar mi vida dedicada al mundo del cine. No es que quiera echarme flores, pero después de un divorcio, una carrera en declive y demás historias decidí casarme de nuevo, tuve dos hijos más y mi vida profesional dio un giro. Un buen giro.

Estaba vinculada al Partido Republicano y fui nombrada delegada de las Naciones Unidas. Luego, fui embajadora en Ghana y en Checoslovaquia. ¿Se imagina? Una pequeña protagonista de películas musicales, una niña prodigio, porque es así como se referían a mí…convertida en política, poniéndose al frente de actos serios, poniéndose al frente de una embajada.

Una niña que con siete años había levantado un premio Óscar, siendo a día del hoy todavía la intérprete más joven en haber recibido este honor. También durante cuatro años fui la estrella más taquillera de Estados Unidos. Y para seguir hablando de primeras veces, de primeros lugares ocupados…me convertí también en la primera mujer jefa de Protocolo de los Estados Unidos.

Si he de decir la verdad, esta vida que tuve una vez se hundió de alguna manera mi carrera como actriz me llenó muchísimo más y ocupó muchos más años de mi vida.

Igualmente, se me seguía reconociendo mi trabajo infantil con premios como el Sindicato de Actores en 2005 que me concedió el premio a toda una vida.

Toda una vida…Es que tengo la sensación de haber vivido varias…desde los tres años…hasta los 85 años…

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