Nuestra familia está enferma
Es Europa ahora mismo un continente acobardado que amuralla sus fronteras exteriores y se repliega en sus fronteras interiores

Madrid
El miedo a los refugiados es el fuego. El miedo al empobrecimiento es la estopa. Luego llega el diablo de la demagogia y sopla. Austria puede tener hoy un presidente de la extrema derecha. En Francia, en las últimas elecciones, uno de cada tres franceses votó a Marine Le Pen. El populismo reaccionario crece en la moderna Holanda y la modélica Escandinavia.
Hace siete meses se oyó el canto del cisne de la solidaridad, cuando una multitud apoyó en Viena la política de bienvenida que por aquellos días patrocinaba Angela Merkel. Poco después, el viento cambió de dirección. Los partidos barrieron sus buenos propósitos para no ser barridos en las urnas. Inútilmente, diríamos, porque como ayer comprobamos en Austria, las formaciones clásicas, las que gobernaron el país desde 1945 fueron castigadas con dureza. El ecologismo salvó la dignidad de la democracia.
Es Europa ahora mismo un continente acobardado que amuralla sus fronteras exteriores y se repliega en sus fronteras interiores, y que ni siquiera se acuerda de sus viejos sueños de contagiar al mundo sus ideales. Dentro de 30 días, Gran Bretaña decidirá si se queda o se va. Esta familia desunida, envejecida y triste es nuestra familia.




