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Domingo, 15 de Diciembre de 2019

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¡¡No pasarán!!

"Por eso si vuelven a crecer las fronteras –de todo tipo- Europa se encogerá, se hará más pequeña: y ahí saldremos perdiendo todos"

Desde hace bastante tiempo –y no creo ser el único- tengo la sensación de que Europa se está crispando a niveles que ya resultan muy peligrosos. El vendaval de la crisis económica, con la guinda de los refugiados, ha resucitado fantasmas que se manifiestan, por ejemplo, en Austria donde un ultraderechista confeso ha estado a punto de convertirse en jefe de Estado. Ya les acabamos de contar que no, que el candidato ecologista, Alexander Van Der Vellen, se ha impuesto finalmente por un puñado de votos por correo, pero su rival, Norbert Hofer, ha utilizado durante la campaña un discurso anti-inmigración conectado en algunos aspectos directamente con el nazismo; y esa es una señal de alarma que de ninguna manera podemos pasar por alto. Es obvio que Austria no tiene el peso político de Francia, donde el Frente Nacional supone una amenaza en toda regla, o de Alemania, donde los ultras de Pegida no pasan de ser –al menos por ahora- un molesto sarpullido; pero un fenómeno como éste, unido a lo que ya ocurre en Hungría, en Polonia, en Holanda, en Dinamarca, o en Grecia con los fascistas de Amanecer Dorado, dibuja un panorama para echarse a llorar; o por lo menos para no mirar hacia otro lado.

Sí, porque es obvio que la xenofobia continúa ganando espacio y además muchos de sus votantes –ocho de cada diez trabajadores en el caso de Austria- son gente seguramente castigada por la recesión que compra el discurso de “los de fuera vienen a quitarnos el pan”; un poco lo que está haciendo Donald Trump en Estados Unidos. Y hay que recordar que este es un veneno muy dañino porque infecta el ADN del proyecto europeo, que no es otro que promover un espacio común de derechos y libre circulación. Por eso si vuelven a crecer las fronteras –de todo tipo- Europa se encogerá, se hará más pequeña: y ahí saldremos perdiendo todos. Por cierto, que en mitad de tanto nubarrón espeso a mí me reconforta que apenas doscientas personas desfilaran el sábado por Madrid al grito de “Refugiados no, españoles sí”. Tenemos muchos problemas y muchos defectos como país, pero ahí todavía resistimos. Y que sea por mucho tiempo. Hay que gritarles, directamente, ¡no pasarán!

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