El destino no está escrito. Lo hacemos con nuestros votos

Madrid
Considera este humilde Ojo que la ciudadanía cometería un grave error si se dejara llevar por esta abulia, esta desidia, esta indiferencia que quiere imprimir a la campaña electoral el presidente en funciones Mariano Rajoy. Juega el actual inquilino de La Moncloa a una estrategia de baja intensidad, intentando convencernos de la inutilidad de cualquier acción para cambiar el estatus de las cosas. Se diría que quiere hacernos creer que el destino está escrito en los cielos, como si fueran las profecías de Isaías o Nostradamus, y haya que aguantar cuatro años más, por designio divino, esta caspa que nos gobierna, fieles corderitos a las órdenes de los más fanáticos teóricos del austericidio combinado con un enloquecido afán privatizador.


La única alternativa no puede ser el alboroto de quienes ahora pretenden apropiarse de la socialdemocracia cuando siempre, a lo largo de la historia, incluso de la más reciente, han tratado de barrerla de la faz de la tierra. Tiene que haber otra izquierda que hable de progreso, de justicia social, de cambio de todo aquello que no nos gusta y que acabe, con mano de hierro, con la corrupción que nos ahoga. Esa izquierda, alejada de promesas imposibles, tiene también que movilizar al respetable y gritar que existe una fuerte y madura alternativa a la mugre actual. El destino no está escrito. Lo elegimos con nuestros votos.




