Martes, 11 de Mayo de 2021

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EL CASO REAL: 'BUENO LATORRE'

Las lenguas largas viven vidas muy cortas

Rafael Bueno Latorre fue uno de los delincuentes más sanguinarios de la España de los 80, esta semana, Carlos Quilez, nos cuenta su historia

Tras unas semanas con la vista puesta en las Américas, volvemos a territorio nacional para hablar de un delincuente considerado como el enemigo público número 1 desde hace 30 años: Rafael Bueno Latorre.

Y lo hacemos de la mano del periodista Carlos Quílez, que nos trae un cruel retrato de violencia y venganza, el binomio preferido de nuestro investigador. Para ello, nos situamos en la dura década de los 80, una época en la que las bandas de atracadores y los chorizos de poca monta sembraban el terror en muchas localidades españolas.

Para narrar toda la trayectoria delictiva de Rafael Bueno Latorre necesitaríamos horas, muchas horas. Este atracador sin escrúpulos era duro, primitivo, brutal en sus actos y el rey de las fugas. Y es precisamente en una de sus fugas, donde da inicio la historia de este caso real.

Era octubre de 1983. Bueno Latorre cumplía condena en el penal de Burgos cuando recibió la visita de su colega de fatigas, Antonio Villena de Vicario, un tipo con menos sangre fría que Latorre pero con más inteligencia y amplitud de miras. En aquella visita lo planificaron todo. Al día siguiente, Latorre se clavó unas tijeras en el vientre para que lo trasladaran al hospital provincial, allí le esperaba Villena y dos sicarios. Iban armados, lo íban a sacar de allí y no tenían nada que perder. La sangre estaba apunto de correr.

Aquella fuga dio el pistoletazo de salida al año más negro y sangriento de Latorre, Villena y su banda. Como cualquier delincuente, volvieron a su madriguera a esconderse. Se instalaron a Barcelona. Y al mes empezaron a atracar. Sabían que huían de la justicia y que la Policía había empapelado media ciudad Condal con sus caras. Debían ser precavidos.

Pero todas las historias de violencia crecen torcidas y esta no tardó demasiado en virar hacia la vendetta. Tras unos cuantos atracos, la policía atrapó al Guau y al Andresín, dos camellos de poca monta que habían estado haciendo trabajos para Latorre y Villena. No tardaron más de media horas en traicionarles. Fue en aquel momento cuando los atracos a mano armada dejaron paso a la venganza. Una venganza que no siempre tiene porqué estar servida fría.

EN BUSCA Y CAPTURA

Tras los hechos relatados en este Caso Real, Bueno Latorre siguió su carrera delictiva y no tardó en ser atrapado por la Policía. Le tendieron una emboscada a él y a Villena y ambos acabaron entre rejas. Acusado de asesinato y robo a mano armada, cumplió condena en Alcalá-Meco, una prisión de la que el Gobierno presumía de ser la más segura de España. Latorre no esperó a cumplir un año entre rejas para volver a fugarse y dejar la seguridad de Alcalá-Meco a la altura del betún. El periodista Jesús Duva, explica en este artículo y con claridad meridiana, como fue aquella fuga: 'Pistolas de tinta y jabón'

La huida fue de película de Hollywood. Arrancó la letrina de su celda, se coló por el hueco de las tuberías hasta acceder a la galería de servicio. Allí reventó una cañería y provocó una inundación en la prisión. Cuando un agente se acercó a arreglar aquel estropicio, Latorre le asaltó, lo noqueó y le robó el uniforme. Disfrazado de carcelero y en medio de aquel caos, cruzó tranquilamente la prisión y salió por la puerta de atrás. Allí le esperaban, como siempre, sus secuaces.

Aquella fue la última vez que se le vio. Bueno Latorre huyó de España y lleva en busca y captura más de 30 años.

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