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Martes, 18 de Febrero de 2020

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50 años sin la mirada más triste del cine

El 23 de julio se cumple medio siglo de la muerte de Montgomery Clift, un actor atormentado que conoció el éxito y el olvido.

Montgomery Clift pertenecía, como Marlon Brando, James Dean o Paul Newman, a la llamada generación del Actor’s Studio. Con ellos compartía el sello común de la intensidad en sus interpretaciones. Sin embargo resultaba mucho menos salvaje que Brando o Dean y más introvertido. Se le daban bien los personajes atormentados, quizá porque su vida fue también un tormento. Era homosexual pero le costaba reconocerlo y para evadirse bebía en exceso.

Debutó a los 14 años en Broadway y en los años siguientes se convirtió en toda una celebridad de los escenarios. Al público de Nueva York le encantaba esa mezcla de melancolía, atractivo y vulnerabilidad. Durante mucho tiempo rechazó las ofertas que le llegaban de Hollywood pero finalmente en 1948 claudicó. Se puso sombrero de vaquero y cabalgó al lado de John Wayne en la película “Río Rojo”. Poco después alcanzaba el estrellato con “Un lugar en el sol”, donde conoció a Elizabeth Taylor que, a partir de entonces, iba a ser su mejor amiga.

Consiguió una nominación al Oscar, candidatura que repitió dos años después con “De aquí a la eternidad”. Rechazó papeles por los que otros mataban, como como el de William Holden en “El crepúsculo de los dioses” o el de James Dean en “Al Este del Edén”. Tampoco frecuentaba las fiestas de Hollywood. En pleno triunfo desapareció del cine durante tres años para irse a representar “La Gaviota” de Chejov en un teatro de barrio en Nueva York.

En 1957 durante el rodaje de “El árbol de la vida”, la película que suponía su vuelta a Hollywood, sufrió un brutal accidente de coche. La cirugía recompuso más o menos su rostro pero estuvo un año convaleciente. Lo que los cirujanos no pudieron coser fue un espíritu que a partir de entonces comenzó a derrumbarse.

Las drogas y el alcohol se convirtieron en sus únicos aliados. Llevaba siempre un maletín lleno de pastillas, cocaína y otras sustancias. Obviamente todo ello empezó a afectarle en el trabajo. Tenía ausencias, olvidaba sus diálogos y habían empezado a sufrir tics y espasmos. Su amiga Liz Taylor abogaba por él y consiguió, por ejemplo, que no le echaran del rodaje de “De repente, el último verano”.

Pese a todo aún lograría buenas interpretaciones en películas como “Vidas rebeldes” o “Vencedores o vencidos”, por la que fue de nuevo nominado al Oscar. Sin embargo no conseguía superar las secuelas del accidente. Su último trabajo fue una película de serie B rodada en Europa que no quiso ni ver porque se sentía avergonzado de parecer casi un anciano con tan solo 45 años. Era el 23 de julio de 1966 el enfermero que vivía en su casa se lo encontró muerto en su habitación. La casusa oficial de la muerte de Montgomery Clift fue por una oclusión de la arteria coronaria pero todos sabían que había comenzado a morir mucho antes. Tenía tan solo 45 años.

A su entierro apenas acudieron un puñado de amigos. Su muerte tampoco apareció en las primeras páginas de los diarios. Durante su autodestrucción todos se habían ido olvidando de él pero el tiempo y su trabajo en películas como “Yo confieso”, “El baile de los malditos” o “La heredera”, le colocaron entre los mejores actores de su tiempo.

 

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