¿De verdad que no hay alternativa?
Es verdad que las cuentas salen, pero no se trata de resolver un problema de matemáticas del bachillerato, como aquellos de los trenes, sino de encajar las piezas ideológicas de un puzle imposible

Madrid
Es bonito eso de que cada día tiene su afán. Decíamos ayer que hay muchas decenas de personalidades de todo tipo que hace bien poco hicieron un llamamiento público para intentar reeditar el nonato pacto PSOE-Podemos-Ciudadanos. Es verdad que las cuentas salen, pero no se trata de resolver un problema de matemáticas del bachillerato, como aquellos de los trenes, sino de encajar las piezas ideológicas de un puzle imposible, al menos en primera lectura.


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Pero es bueno que las cosas avancen día a día, o poquito a poco, que la impaciencia siempre aconseja muy malamente. Decidido el no es no, a Pedro Sánchez le quedan pocas opciones. Pero quizá la única con entidad política, la única, también, que se le puede exigir a un dirigente político, es que trabaje para lograr una salida a este bloqueo. Volver a tantear a los partidos que hace unos meses hicieron fracasar su investidura puede no ser mala cosa porque ninguno de los tres está en la misma posición que antes del 26-J.
El lobo tiene unas orejas enormes y se le ve desde lejos. ¿Otras combinaciones? Pues más difícil aún, porque con los nacionalistas entramos en el pantano prohibido de la unidad de España y ahí –vade retro- nos frenamos.
Ahora toca escuchar, escuchar y escuchar. Una pizca, solo una pizca, de paciencia.




