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Hacia unas residencias sin ataduras

La Fundación Maria Wolff ha puesto en marcha un programa para evitar que los ancianos sean obligados a llevar sujeción en las camas o las sillas de las residencias. El uso de tratamientos alternativos mejora el estado emocional y la conducta de los pacientes, y reduce el riesgo de fracturas.

(GETTY)

Madrid

Se calcula que más del 12% de los ancianos que viven en residencias españolas son sometidos a sujeciones físicas como parte de sus cuidados diarios. Son, aproximadamente, unas 58.000 personas, la mayoría con demencia, para las que la Fundación Maria Wolff se ha propuesto presentar una alternativa. Un programa que elimine del todo las ataduras para que los ancianos recuperen el ánimo y se deshagan de la ansiedad que les provoca la limitación de sus movimientos. El director de la Fundación Maria Wolff, y coordinador de este estudio, Ruben Muñiz, asegura que hasta ahora, cualquier problema se ha resuelto "con una sujeción. Si alguien anda por donde no debe, le ato. En vez de preguntar por qué anda, qué necesidades tiene. Si alguien se levanta a las 5 de la madrugada y empieza a recorrer la residencia, pues en vez de preguntarse por qué lo hace, se opta por atarle. Eso no tiene nada que ver con cuidados centrados en las personas. Lo que estamos haciendo con este programa es tomar medidas individualizadas para cada persona. Imagínate el esfuerzo imaginativo que supone eso, pero también el beneficio es muy elevado. No sólo para el residente, sino también para el personal".

Durante los tres años que ha durado la puesta en marcha del programa, el uso de sujeciones en las residencias se ha reducido del 18,1% al 1,6%. También han disminuido drásticamente las ataduras para los pacientes con demencia, del 29,1% al 2,2%. Todo ello se ha combinado con una formación específica del personal, desde los médicos, enfermeros y terapeutas, hasta los trabajadores de mantenimiento, cocina y recepción. Además, se ha llevado a cabo una mejora de las instalaciones y una racionalización y optimización en la prescripción de medicamentos psicotrópicos, reduciendo sistemáticamente los sedantes para prevenir caídas. Y es que los psicofármacos afectan a la coordinación muscular, al equilibrio, al nivel de conciencia, al trabajo del corazón o a la tensión. Por eso una medicación excesiva o no imprescindible, puede provocar caídas. Javier Ramos, fisioterapeuta en una de las residencias de Sanitas, donde se ha desarrollado este programa, asegura que "a veces llegan personas que están tomando dos ansiolíticos y un antidepresivo, una situación que entraña un riesgo de caídas importante porque afectan al equilibrio".

Las mismas caídas, menos fracturas

Los resultados del estudio muestran que, una vez eliminadas las sujeciones, las caídas sólo aumentaron de manera imperceptible y no significativa para el programa. Un incremento mínimo, teniendo en cuenta que las ataduras prácticamente habían desaparecido, y que los ancianos se mueven más. Sin embargo, se redujeron las caídas con fracturas o lesiones. "La seguridad de los mayores sin sujeciones es mayor", apunta Ruben Muñiz. "No tienen los riesgos que acarrean las sujeciones, como desgarros o daños que se producen cuando intentan soltarse. En cambio, hemos visto que la sujeción no tiene ninguna ventaja porque al eliminarse, no aumentan las fracturas". Y es que no es lo mismo que una persona que tenga osteoporosis por sedentarismo o por una sujeción mal indicada se caiga al suelo y tenga una probabilidad mucho mayor de tener una fractura, que una persona que tenga una vida más activa y su estado óseo y muscular les permita amortiguar un poco la caída, añade Javier Ramos. "Tenemos gimnasias grupales, si vemos alguna necesidad específica de cada persona sugerimos a la familia que realice una fisioterapia individual para tratar lo que realmente necesita. Esto aumenta el tono muscular, se mueven mejor, siempre bajo vigilancia, y mejoran el equilibrio". Es justo lo contrario a lo que se obtiene con el sedentarismo, consecuencia de tenerlos atados a las camas y a las sillas.

Cinturones y ataduras sobre una silla de ruedas en una residencia de mayores / Fundación Maria Wolff

Junto a estos beneficios físicos, la retirada de sujeciones ha desencadenado también otros aspectos positivos que ha corroborado el estudio. Por ejemplo: han mejorado el estado emocional y las alteraciones conductuales de los ancianos. Manifiestan menos dolores y molestias, y se muestran más contentos y tranquilos, lo que redunda en un mejor ambiente en las residencias. Javier Ramos asegura que se consigue "que las personas colaboren mejor y muestren más confianza hacia nosotros. Disminuyes su ansiedad porque no se ven sujetos, tienen más libertad de movimiento. Una libertad controlada y con compañía, sobre todo cuando hay más riesgo de caída. Nosotros ya no somos las personas que los vamos a atar y no les vamos a dejar moverse, cuando a lo mejor quieren moverse por una necesidad. Cuando ellos cambian esa idea que tienen de ti, a ti también te da cierta satisfacción personal. Repercute no sólo sobre ellos, sino también sobre nosotros".

Ataduras ilegales

La Fundación Maria Wolff recuerda que la ley sólo contempla el uso de sujeciones físicas en casos muy excepcionales. Por eso, señala que utilizar este procedimiento de manera sistemática y continuada, o por razones de conveniencia organizativa, no es legal. Dice Ruben Muñiz, director de la Fundación y coordinador del estudio, que el uso generalizado de sujeciones tiene que ver con dos facetas humanas. "Somos egoístas y somos ignorantes. En las instituciones, la ignorancia y el egoísmo hacen que por comodidad, por conveniencia organizativa, atemos a las personas porque así, los que trabajamos en estas organizaciones creemos tener menos trabajo, creemos estar seguros ante posibles caídas o posibles denuncias, etc. Pero eso también es ignorancia".

Sólo se contempla el uso de sujeciones cuando está en riesgo la vida de la persona, y ese riesgo es inminente: que alguien pueda perder un ojo o una pierna, quererse suicidar... En estos casos lo prioritario es salvar la vida. "Pero sólo se pueden usar en momentos muy puntuales y en situaciones muy excepcionales", concluye Ruben Muñiz. "Lo que se está haciendo en España, en general, es totalmente contrario al ordenamiento Constitucional, porque la Constitución española garantiza el derecho a la libertad de movimientos".

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