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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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Gürtel, una época que llega hasta hoy

El bloqueo político no puede justificar de ninguna manera el silencio vergonzante de Albert Rivera ayer ni la tibieza del PSOE en el caso Gürtel

Podíamos llamarlo retrato de una época, si no estuviera abierto el sumario de la Púnica por el que supimos que hasta hace nada, hasta el año 2015, otra red corrupta sustituyó las obras en las carreteras o la construcción de pisos por la adjudicación de servicios públicos para presuntamente seguir sacando tajada en Administraciones gobernadas por el PP. En la cárcel sigue Francisco Granados, secretario general del PP madrileño, ex mano derecha de Aguirre. O que las tarjetas black que también se juzgan ahora, se utilizaron hasta el año 2012.

Francisco Correa admitió ayer ante el tribunal que cobró mordidas para el Partido Popular por la adjudicación de obras públicas, mordidas de entre el 2 y 3 por ciento que luego se repartía con Bárcenas, y que el dinero de los sobornos lo llevaba al tesorero y al PP.

Correa cantó pero midió cuidadosamente la letra y la música. Sin aportar más nombres propios que los ya conocidos, Correa confesó prácticas corruptas durante los gobiernos de Aznar y confesó que por su falta de química con Rajoy a partir del 2004 se fue a trabajar para el PP de Valencia. También hay que consignar el pequeño detalle de que a partir del 2004 el PP perdió el gobierno central.

Y en el PP se consuelan y celebran que hablara de esa falta de química Correa-Rajoy y guardan silencio sobre la relación posterior con el PP valenciano, soporte imprescindible de Rajoy tras el congreso de su partido del 2008.

Se consuelan diciendo que los afectados no están ya en el Partido Popular, obviando que Rajoy no nació en 2004, que fue por ejemplo el responsable de la campaña de Aznar en el 2000, cuando según el cabecilla de la Gürtel sus mordidas alimentaban la caja B del partido, o que el actual presidente en funciones se sentaba en los consejos de ministros de Aznar donde según el cabecilla se adjudicaron obras del AVE amañadas.

Se consuela con eso y con la casi ausencia de respuesta política al gravísimo asunto que se juzga en la Audiencia Nacional. El bloqueo político no puede justificar de ninguna manera el silencio vergonzante de Albert Rivera ayer ni la tibieza del PSOE. Precisamente por sentido de Estado, porque se trata de la limpieza del juego democrático, las urgencias tácticas de los socialistas -por graves que sean- no pueden mutilar la crítica contundente ante la corrupción y la exigencia de responsabilidades. Por ese camino, además de la abstención, si finalmente se la dan, le estarán entregando un segundo triunfo a Rajoy: su silencio.

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