Sexo cualitativo, no cuantitativo
La Tana tiene la intención de que ni su edad ni la de sus acompañantes influya lo más mínimo en su vida sexual.

Getty Images

Madrid
No lo puedo remediar, me gustan más los que rondan los cincuenta que los que todas las mañanas se levantan empalmados. Asumo que ellos preferirían mantener el vigor del empotramiento perpetuo, ese que emana por cada músculo de unos brazos cuando delante de la edad, con suerte, aún ubican un tres. Será cosa de mi propia edad. Elijo calidad en vez de cantidad. Será cosa de que me gusta que me seduzcan y me convenzan, que me desmonten los parapetos en los que me refugio. Será que prefiero que me follen primero por dentro para que después lo hagan, aunque sea una sola vez, hasta bien dentro.
A los 20 me ahorraba el momento camiseta. Ese que me obligaba a pedir una prenda un poco más cómoda y mucho menos sofisticada que con la que había triunfado la noche de marras. A los 30 me sedujeron con frases lapidarias, con sentencias contra todo pronóstico en las que dejaban claro que me tenían ganas: “Tengo casi 37 años y no estoy para estrategias; coge una mochila, mete unas mudita y vente a pasar el fin de semana conmigo. Con un poquito de suerte te convenzo y te quedas el resto de tu vida”. A los 40 elijo a los que cuestionan la disciplina de partido, les interesa la etimología y hasta la gramática de los discursos los dé quien los dé; los que me recriminan no poner el signo de exclamación inicial cuando me sorprendo por whatsapp. Si a los 50 no serán ni mis curvas ni mi escote lo que destaque de mí… ¿Qué necesidad tengo de follar como si no hubiera un mañana?
El mañana vendrá y mejor si nos pilla juntos. Va a resultarte infinitamente más difícil conseguir que me ría. Y cuando lo consigas, no pararemos de hacernos de todo. De un todo que ya conocemos. Hagamos que envejecer juntos se convierta en la mejor de las folladas. Sexo cualitativo, no cuantitativo.




