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Jueves, 21 de Noviembre de 2019

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Pedro Zaragoza, el alcalde franquista que transformó Benidorm

Óscar Bernácer, director del documental 'El hombre que embotelló el sol' nos cuenta cómo este regidor hizo de su pueblo la gran ciudad símbolo del turismo en España

Imagen de los primeros años del 'boom' turístico de Benidorm. /

Podría ser una campaña para promocionar una nueva marca de vino, pero El hombre que embotelló el sol es el título del documental que hace referencia a la persona que convirtió Benidorm en lo que ahora es: un punto turístico de primer orden. Pedro Zaragoza fue alcalde esa localidad entre 1951 y 1967 y su mayor empeño fue convertir su pequeño pueblo un lugar turístico referente en Europa. Para ello utilizó su creatividad en diversas campañas publicitarias y consiguió lo más difícil, "engañar" al régimen franquista para que Benidorm se vistiera con un traje más moderno.

Para Óscar Bernácer, el director del documental, El hombre que embotelló el sol habla sobre la leyenda de la transformación de Benidorm, y eso "va ligado a la figura del alcalde", que fue el motor principal de ese cambio.

Este documental es una historia de contrastes. Un regidor franquista y fascista, durante y después de la dictadura, planta cara al régimen y abre su pequeño pueblo de pescadores al mundo. Permite que las mujeres pasearan por la playa en biquini bajo amenaza de excomunión y ordena a la policía que mirara hacia otro lado: "ahí empezó todo, con el biquini".

Cuentan que el propio Zaragoza cogió su moto y condujo hasta el Palacio del Pardo para pedirle a Franco que permitiera el uso de esa prenda de baño. Lo consiguió y obtuvo carta blanca para transformar su pueblo.

Pedro Zaragoza también fue consciente de la importancia de la comunicación y de la propaganda. Colocó carteles por todo Alemania en donde indicaba los kilómetros que faltaban para llegar a Benidorm. Se coló en la prensa nórdica paseando a una familia de lapones por sus playas. Supo dirigir, en definitiva, su mensaje a quienes eran su público potencial.

Benidorm se coló entonces en el centro de Europa. Se convirtió en una referencia turística, en el icono del sol, de las vacaciones y en un punto aperturista dentro de una dictadura que todavía estaba viva.

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