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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Lo que cuesta decir 'no'

El miedo a defraudar las expectativas de los demás o a asumir las consecuencias de una negativa, están detrás de muchos ‘síes’ no deseados. Una barrera para nuestra libertad que genera malestar y frustración personal.

La vida es cuestión de elegir, aunque muchas veces nos negamos a hacerlo y optamos por el camino que los demás desean, a pesar de que esa no hubiera sido nuestra opción preferida. En el trabajo, con los amigos, en la familia… A veces nos reclaman cosas que asumimos sin estar de acuerdo, lo que nos provoca un malestar silencioso que se va acumulando y que, a la larga, puede llegar a afectarnos personalmente. A pesar de tratarse de una actitud muy extendida y, desgraciadamente, cotidiana, los expertos aseguran que podemos y debemos cambiarla porque, al final, lo que está en juego es nuestra propia libertad.

Francesc Torralba, filósofo y teólogo, autor del libro ‘Saber decir no, la sabiduría que libera’ (Now Books, 2016), asegura que seguimos la corriente para no frustrar las expectativas del otro, y porque resulta muy difícil renunciar, porque estamos preparados para decir siempre ‘sí’ y asumir todo tipo de proyectos.

Sin embargo, el cambio de actitud no implica pasar de decir siempre ‘sí’, a decir a todo que no, sino de elegir cada respuesta según lo que deseemos en cada momento. “Verdaderamente, aquí es donde nos jugamos nuestra libertad personal”, señala Torralba. “Vivir es tomar decisiones. Para eso tenemos que deliberar, discernir lo que más nos conviene, lo más adecuado. Y eso significa hilar un camino de ‘síes’ y de ‘noes’. A veces nos arrepentiremos de la decisión que hemos tomado y, a veces, simplemente experimentaremos una enorme satisfacción por el camino trazado”.

Se llama ‘asertividad’

La clave está en la libertad de elección, y en asumir las consecuencias de lo que hemos decidido, ya sea un ‘sí’ o un ‘no’, consiguiendo que los demás lo acepten con normalidad. Y se trata de persistir en nuestra elección, a pesar de las contrariedades que uno no imaginaba que generaría. A eso se le llama asertividad. José Antonio García Higueras, doctor en psicología y miembro del equipo de ‘Psicoterapeutas.com’, la describe como “la capacidad de expresar nuestros deseos de forma amable, franca, directa y adecuada, logrando lo que queremos sin atentar contra los demás, negociando con ellos su cumplimiento. Es decir: es la capacidad que tenemos de poder negociar con los demás el cumplimiento de nuestros deseos, respetando los suyos también, claro”.

No obstante, ser asertivos no es fácil, porque muchas veces se nos ha educado para lo contrario, o porque nos sentimos más cómodos no teniendo que contrariar al otro, aunque eso, en el fondo, nos moleste. La asertividad “no es fácil, porque nos jugamos mucho en la forma de hacerlo”, dice el doctor García Higueras. “Tendemos a asentir en todo lo que nos piden, a tomar una actitud pasiva y pasar de todo; o al revés, a ser agresivos y a intentar imponer por la fuerza nuestros deseos. Ambas cosas están unidas”.

Aprender a decir ‘no’

Para expresar libremente nuestro ‘sí’ o nuestro ‘no’, lo primero que hay que hacer es abandonar el miedo y el sentimiento de culpa. “Tenemos cierta tendencia a culpabilizarnos cuando frustramos la expectativa del otro”, apunta Francesc Torralba. “Por eso decimos ‘sí’ cuando, en el fondo, estamos pensando en un ‘no’. Y eso nos duele. Y también nos duele decir que ‘no’ porque tenemos la sensación de que hemos decepcionado al otro y eso nos genera culpa. Una persona es libre cuando puede decir ‘sí’ o ‘no’ con una sonrisa en los labios, y saber que de eso no depende la amistad, no depende el vínculo ni el tejido de relaciones que tiene. Desde la cortesía, desde la educación, sin necesidad de autojustificarse, uno tiene que ir aprendiendo a decir ‘sí’ o ‘no’ según desee, y nosotros también tenemos que aprender a aceptar el ‘no’ del otro. Porque a veces no lo aceptamos, le vamos coaccionando, persuadiendo, medio convenciendo… para que al final, aunque sea a regañadientes, nos diga que ‘sí’”.

Pero aprender a decir ‘no’ es difícil, reconoce Torralba. No puede ser algo impulsivo. Debemos estar convencidos de nuestra respuesta, ya sea afirmativa o negativa, y dispuestos a renunciar a algo, porque cuando decimos ‘sí’, estamos rechazando todo lo que implicaba el ‘no’, y cuando respondemos ‘no’, descartamos lo que llevaba implícito el ‘sí’. Por eso debe ser una reacción meditada y fiel a nosotros mismos. “Es un ejercicio difícil. Uno puede aprender a correr largas distancias, pero no puede empezar con una maratón. Tiene que hacerlo progresivamente. Y lo mismo pasa cuando se aprende violín o inglés. Es una actividad que requiere autoconvencimiento y también capacidad de renuncia”.

Aprender desde la infancia

La educación es esencial en todos los aspectos de la vida. También cuando se trata de asertividad. Según Francesc Torralba, no es que los niños sean más libres ni más asertivos por el hecho de que les resulte más fácil decir ‘no’, porque responder de manera asertiva implica cierta deliberación y discernimiento. “Los niños son más espontáneos, más desinhibidos, más libres de prejuicios y tópicos. No practican la hipocresía de la vida adulta. Pero tienen que madurar racionalmente y aprender a deliberar y discernir. El ejercicio de la libertad exige racionalidad, deliberación y, al final, un ‘sí’ o un ‘no’ maduros, no reactivos”.

Quizás, por eso, los más pequeños tengan cierta ventaja a la hora de aprender la asertividad desde la infancia. Porque se trata de personas que están en proceso de formación. Deben saber que en la vida tendrán que elegir entre un abanico enorme de opciones: académicas, profesionales, afectivas… Tendrán que decir ‘sí’ y ‘no’, y los educadores, ya sea en la familia o en la escuela, deberán ayudarles a discernir y a deliberar sobre la mejor opción, sin decidir por ellos y sin proyectar en ellos sus propios deseos, asumiendo sus fracasos, y reconociendo y celebrando sus éxitos.

Aprender la asertividad desde niños, concluye el doctor José Antonio García Higueras, “es una manera de fomentar una comunicación sana y de igual a igual con los demás. Tiene una influencia fundamental en la definición de nuestro propio ‘yo’, porque cuando expresamos nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestras emociones, y lo hacemos socialmente, de la respuesta de los demás depende también la imagen que tenemos de nosotros mismos. O sea, que la definición de nuestra propia personalidad depende mucho de la relación social que tenemos. Si nos comportamos asertivamente vamos a tener una imagen propia y una autoevaluación bastante más positiva que si lo hacemos de forma pasiva”.

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