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Viernes, 24 de Enero de 2020

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El escritor que acabó dirigiendo cine

El lunes 2 de enero Manuel Gutiérrez Aragón cumple 75 años. Lleva varios años alejado del mundo del cine; ha escrito tres novelas; es miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y de La Real Academia Española de la Lengua pero como él mismo dice y aunque no haya vuelto a filmar se sigue considerando un director de cine.

Cuando era niño, Manuel Gutiérrez Aragón iba todas las mañanas de los domingos a la Plaza Mayor de Torrelavega, la ciudad cántabra donde nació en 1942 para ver los fotocromos de la película que se iba a proyectar por la tarde. Ahí comenzó su idilio con el cine y, sobre todo, con los actores, los intérpretes, esos seres que alargando un poco la mano hacía la pantalla casi se podían tocar. Llegó a Madrid para estudiar Filosofía y Letras, pero también se matriculó en la Escuela Oficial de Cine.

Gutiérrez Aragón se convirtió en director de cine por accidente, como él mismo dice, porque lo que quería ser era escritor. Su primer largometraje lo estrenó en 1973. Era “Habla, mudita” con José Luis López Vázquez y Kiti Mánver, una película sobre el aprendizaje y la relación entre un intelectual y una pobre chica muda. El film trataba de la incomprensión y de la incomunicación y muchos quisieron ver en ella una críptica y velada referencia al franquismo aún en el poder. La película fue al Festival de Berlín y ganó el premio de la crítica.

A continuación escribió los guiones de títulos tan emblemáticos como “Furtivos” de José Luís Borau o “Las largas vacaciones del 36” de Jaime Camino pero su siguiente película como realizador se estrenaría cuando ya Franco había muerto. Fue “Camada negra”, una historia que hablaba de las bandas ultraderechistas que cometían actos violentos después de la muerte del dictador, pero para Gutiérrez Aragón supuso además el comienzo de su relación profesional con su actriz preferida: Ángela Molina. Con ella Manuel Gutiérrez Aragón ha rodado algunas de sus mejores películas: la ya mencionada “Camada negra”, “El Corazón del bosque”, “Demonios en el jardín” o “La mitad del cielo”.Los dos llegaron a complementarse a la perfección y hace pocos días, en el Festival de Cine Europeo de Segovia, con motivo del homenaje que se le daba al realizador, la actriz le pedía que volvieran a trabajar juntos una vez más. Manuel Gutiérrez Aragón decía con humor que entre los dos se había establecido una unión misteriosa y perfectamente confesable.

Gutiérrez Aragón se convirtió en un director imprescindible durante la Transición gracias a películas como “Sonámbulos” o La noche más hermosa”, filmes que eran el testimonio de una época, pero también todo un derroche de fantasía, de poesía visual y de recuerdos de su propia infancia. “Maravillas” es de todas ellas, la que el director recuerda con más cariño.

En 1989 recibió el encargo de convertir en serie de televisión la primera parte de Don Quijote de La Mancha, un ambicioso proyecto que tardó dos años en completar y que protagonizaron Fernando Rey, dando vida al famoso caballero andante, y Alfredo Landa como su fiel escudero Sancho Panza. Más de una década después, en 2002, volvería a retomar las aventuras del “ingenioso hidalgo” rodando la segunda entrega, esta vez con Juan Luis Galiardo como Alonso Quijano y Carlos Iglesias como Sancho.

En sus últimas películas trató el tema de la emigración cubana en España en Cosas que dejé en La Habana; regresó al Valle del Pas de su Cantabria natal en La vida que te espera o habló del terrorismo de ETA en Todos estamos invitados, que es, hasta el momento, su última película. Y ha vuelto a su primera vocación: la escritura. Pero como dice siempre, aunque ya no ruede películas siempre se considerará un director de cine.

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