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Viernes, 15 de Noviembre de 2019

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El día que murió Bogart

El 14 de enero se han cumplido 60 años de la muerte de Humphrey Bogart. En este reportaje recordamos los últimos meses del protagonista de “Casablanca” o “El Halcón Maltés”.

Durante la Primera Guerra Mundial Humphrey Bogart había luchado en la marina. En una explosión se le había clavado una astilla en el labio superior y la cicatriz que lucía desde entonces le daba un gesto desdeñoso ideal para sus interpretaciones. Con sus gángsters y detectives perfeccionó un tipo de personaje que, con el tiempo, el público reconocería con su sola presencia en pantalla: un hombre duro y descreído, pero que escondía, en el fondo, un buen corazón. Esta misma personalidad la acabaría encarnando en títulos ajenos al cine negro como las románticas “Casablanca”, “La reina de África” o “Sabrina”.

En la vida real el actor era tan antipático, huraño y bebedor como muchos de sus personajes. También fumaba sin parar. Fue en las navidades de 1955 cuando Bogart comenzó a notar los primeros síntomas de su enfermedad. El actor tenía dificultades para tragar bebidas y alimentos y no paraba de toser. Sin embargo se resistía a acudir a un médico.

Fue su amiga la actriz Greer Garson la que le convenció para acudir a un especialista amigo suyo y su diagnóstico fue claro: el actor tenía cáncer de esófago y debía someterse a una rápida intervención con la esperanza de que el tumor fuera todavía pequeño y poder extirparlo. Cuando finalmente los médicos operaron a Bogart vieron que el cáncer se había extendido por diversas partes de su cuerpo. Hubo que extirparle el esófago, desplazarle el estómago y quitarle una costilla en una intervención que duró 9 horas.

A lo largo del año 1956 Bogart se sometió a sesiones de quimioterapia. Perdió peso, unos doce kilos, porque apenas le apetecía comer. Lo que no dejó fue de beber y fumar; limitó un poco su consumo, cambió los cigarrillos sin filtro por los de filtro pero nunca dejó de tomar, siquiera, sus dos martinis diarios.

En la prensa sensacionalista comenzaron a divulgarse todo tipo de rumores. Se decía que estaba en coma en un hospital. Fueron tantas las mentiras que el propio Bogart tuvo que publicar una carta abierta para desmentirlas en las que demostraba su aún intacta ironía. “He leído que me han extirpado los dos pulmones” –escribía el actor– “que mi corazón se ha parado y que lo han sustituido por una vieja bomba de gasolinera; que he pedido plaza en todos los cementerios imaginables desde aquí al río Mississippi, incluidos varios en los que estoy seguro de que solo admiten perros. Todo ello disgusta mucho a mis amigos por no hablar de las compañías de seguros. Tuve un pequeño tumor maligno en el esófago. La operación fue un éxito aunque durante algún tiempo no se supo si el que iba a sobrevivir era yo o el tumor”.

Pero la realidad es que el tumor se había reproducido. A lo largo de 1956 hubo que hospitalizarle varias veces aunque los últimos meses de su vida los pasó en su casa. Numerosos amigos acudían a verle. Más tarde, cuando apenas podía ya moverse, le desplazaban en una silla de ruedas. Seguía bebiendo whisky y jugando al ajedrez, una de sus grandes aficiones. Pero el desenlace fatal era inevitable y Lauren Bacall discretamente preparaba ya el funeral. Pidió a John Huston, con el que tantas películas había rodado Bogart, que preparara el elogio fúnebre para despedir a su marido.

Katharine Hepburn y Spencer Tracy fueron los últimos amigos que le vieron con vida. Fue el 12 de enero de 1957, un día después entró en coma a las dos y media de la madrugada del día 14 murió. Bogart quería que su cuerpo fuera incinerado y que sus cenizas se esparcieran por el Pacífico pero, hacer eso, en esos años era ilegal. A los funerales acudió casi todo Hollywood. Como estaba previsto John Huston pronunció su elogio. “Humphrey amaba la vida.” –decía en él– “Vida quiere decir su familia, sus amigos, su trabajo, su barco. No se imaginaba prescindiendo de ninguna de esas cosas de manera que hasta el último momento siguió planeando lo que haría si se pusiera bien”.

Lauren Bacall había pedido públicamente a través de los periódicos que nadie enviara flores y que en su lugar, remitiera donativos por el mismo importe a una asociación americana de lucha contra el cáncer. Cuándo llegó a su domicilio después de los oficios encontró en su casa un telegrama. Pensó que era uno de tantos que habían mandado como pésame pero se encontró con algo que al menos le hizo reír. Era de un grupo de floristas y decía: “Acaso pedimos nosotros a la gente que no vayan a ver las películas de Lauren Bacall”.

Los Restos de Humphrey Bogart reposan en el Forest Lawm Memorial en Burbank, Los Ángeles. En una zona privada llamada “El jardín del recuerdo”. Allí tras una lápida en donde pone el nombre del actor su fecha de nacimiento y la de su muerte, se haya una urna con sus cenizas y un pequeño silbato de oro que Humphrey regaló a Bacall recordando una escena de “Tener o no tener”, la película en la que se conocieron y se enamoraron.

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