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Martes, 25 de Febrero de 2020

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Margot Moles

La atleta republicana

Cosiendo. Terminé cosiendo. Calcetando. Hilando. Enhebrando. Sacando adelante a mi hija de tres años, básicamente. Ocurrió cuando me quedé viuda: asesinaron a mi marido. No puedo decir otra cosa: no se murió, lo mataron. Por pensar diferente, por haber amado el deporte, por haber sido un hombre que formaba parte de campeonatos mixtos, que fundó, junto a mí, un club de deporte donde se daba cabida a cualquier persona que quisiera, precisamente, practicarlo, dando igual que fuese un hombre o una mujer.

Esto puede parecer una obviedad pero la realidad era esta: yo fui objeto de críticas solo porque me ponía pantalones para esquiar. Fui, creo, la primera mujer en la sierra que usó esta prenda, me decían que era un chicazo, pero a mí me parecía ridículo ir con faldas y vendas en las piernas, que era lo que se estilaba entonces. Luego el tiempo me ha dado la razón.

Pero mi modo de vida, de pensamiento, iba más allá de la vestimenta, aunque esto era algo muy simbólico. Practiqué cuatro disciplinas deportivas, y al lado de mi hermana, fui la primera en practicar atletismo de forma profesional y la primera campeona femenina de esquí en nuestro país. Este libro del que han hablado trata de recuperarme: fui borrada del mapa, de la historia y de todo porque mis ideas no eran válidas tras la guerra. No era del bando de los ganadores, así que, con la lógica de momento, perdí. A mi marido para empezar y mi vida y mi trayectoria deportiva después, porque tenía solo veintiséis años cuando tuve que cambiar las pistas de atletismo y las de esquí por la aguja y el hilo y tuve que ponerme a coser para que mi hija tuviese una buena vida.

Yo la había tenido hasta entonces, mis padres me permitieron desarrollarme, dedicarme al deporte, incluso ser maestra en la Instituto-Escuela donde mi padre trabajaba. Atletismo, hockey, esquí, natación, excursionismo...sin olvidar el lanzamiento de disco. Fue genial encontrar a Manuel, mi marido, que amaba tanto el deporte como yo y con el que me casé sin dejar de practicar el deporte, como tenían que hacer otras muchas al casarse y tener hijos.

Puede parecer prepotente que saque aquí a relucir mis títulos pero creo que son importantes para que se ubiquen ustedes en la época desde la que les hablo: nací en 1910 y mi vida terminó en los años ochenta, así que República, la Guerra y la posguerra fueron mías. Fui la primera campeona de España de esquí y la primera también en participar en unos Juegos Olímpicos de Invierno. Pero todos estos éxitos terminaron de repente: todo por la ideología política. Formé parte de la delegación republicana española que asistió a las Olimpiadas Obreras, en 1937. Y esa fue mi cruz: mostrar lo que pensaba y actuar como creía que debía hacerlo. Así que en realidad, mi cruz me ha hecho fuerte.

Ocurrió que el deporte femenino pasó a ser controlado por la sección femenina. Imagínense. Retrocedimos unos años y fue entonces cuando me reconvertí, sin más remedio, en costurera, dejando la piscina para momentos muy privados. Yo, que había sido la socia fundadora del Club Canoe en 1930 con un grupo de jóvenes de nuestra edad, con los que salíamos al campo. Y cuando solo había dos piscinas en Madrid, con horario para que las mujeres se bañaran.

No podemos olvidar que con el auge del fascismo, el atletismo fue prohibido para la mujer, alegando que la masculinizaba y que la mujer estaba para procrear, así como su mejor gimnasia estaba en los trabajos caseros. Y esto se mantuvo hasta los años sesenta, cuando ya mis padres, los dos, habían sido deportistas muchos años atrás. Ahí es donde España se paralizó, incluso se retrasó. Ni seguir siendo profesoras de deporte nos dejaron a mi hermana y a mí. Ni eso.

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