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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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Importa el qué, no con quién

Si en la votación de ayer populares y socialistas votaron juntos a favor, también lo hicieron, en contra, Podemos y el Frente Nacional de Marie Le Pen, sin que eso quiera, tampoco, decir nada

Que el Grupo Popular y el Grupo Socialista hayan votado juntos en el Parlamento Europeo a favor de la ratificación del Tratado comercial entre Canadá y la Unión Europea, conocido como CETA, no quiere decir nada, por mucho que Podemos se empeñe. De hecho, toda la arquitectura de la UE se levanta sobre un acuerdo formidable entre la socialdemocracia y la democracia cristiana de la posguerra. Además, si en la votación de ayer populares y socialistas votaron juntos a favor, también lo hicieron, en contra, Podemos y el Frente Nacional de Marie Le Pen, sin que eso quiera, tampoco, decir nada.

Lo que importa es el contenido del Tratado, que se supone servirá de precedente para otros acuerdos internacionales, y frente al que se han levantado grupos muy heterogéneos. El CETA no entrará en vigor en su totalidad hasta que algunos de sus aspectos más polémicos sean ratificados por los Parlamentos de los países miembros, España incluida. En especial, despierta críticas el capítulo relativo a la protección de inversiones extranjeras y el mecanismo de resolución de controversias entre el inversor y el Estado. Los inversores que tengan quejas sobre las decisiones de un gobierno no acudirán a los tribunales ordinarios, sino a un tribunal especial conocido por sus siglas inglesas, ICS. El tribunal especial ha mejorado algo sobre su diseño original, en el sentido de que sus jueces ya no tienen que ser elegidos por mutuo acuerdo entre las propias multinacionales y los gobiernos, sino que serán jueces pactados previamente entre la Comisión y el gobierno de Canadá.

El problema, evidente, es que se dará un trato distinto a los inversores nacionales, que irán a los tribunales ordinarios, y los inversores multinacionales que irán a otro, especial. El CETA tiene aspectos, sin duda muy positivos y otros dudosos, aunque algunos de estos ya han sido mejorados gracias al anexo al que obligó la Valonia belga. Pero la piedra más importante sigue en el camino a la espera de lo que digan los Parlamentos. Y de eso hay que hablar, no de los compañeros de urna.

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