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Miércoles, 19 de Febrero de 2020

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Los últimos años de Billy Wilder

El 27 de marzo se cumplen 15 años de la muerte de Billy Wilder, uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos. Recordamos cómo fueron sus últimos años, cuando ya estaba retirado del cine.

En febrero de 1981 Billy Wilder comenzó a rodar la que sería su última película, “Aquí un amigo”. Tenía 75 años y para el film volvió a contar con su incondicional pareja de actores, Walter Matthau y Jack Lemmon. El guión, basado en una película francesa, estaba escrito por él mismo y por su inseparable colaborador I.A.L. Diamond. 10 meses más tarde, en diciembre, se estrenaba la película y las críticas fueron demoledoras. En ellas se hablaba de Wilder y de Diamond como de dos viejos dinosaurios. Su humor, sus diálogos ya no funcionaban. La película recaudó apenas tres millones de dólares en las taquillas americanas. Este fracaso se unía a los de “Fedora”, “¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre?”, “Bésame tonto”... Hollywood no perdonó tantos fiascos. La carrera cinematográfica de Billy Wilder había terminado.

El director aún no lo sabía y, de hecho, no tenía ninguna intención de retirarse. Seguía escribiendo guiones, perfilando ideas, pensando en nuevos proyectos como una nueva versión de “Arianne” pero la industria de Hollywood le cerraba una y otra vez todas sus puertas. Los nuevos ejecutivos de las compañías le consideraban un director de otra época. Además, debido a su avanzada edad, las compañías de seguros se negaban a filmarle una póliza por si fallecía durante el rodaje.

Pese a todo el director no paraba de recibir premios. El premio Irving Thalberg en los Oscar por su contribución al cine, el Oso de Oro de honor del Festival de Berlín, el premio a toda una carrera del American Film Institute... Billy Wilder aceptaba el tributo de Hollywood pero en realidad despreciaba el nuevo cine que había sustituido al sistema de los grandes estudios donde él había trabajado casi toda su carrera. Aún así en 1986, el año en el que cumplía 80 años, le nombraron asesor especial del nuevo presidente de la United Artists. Su cometido era dar su opinión sobre los nuevos estrenos de la compañía, pero solo duró diez meses en el empleo. Ya no trabajaba pero de una manera u otra Billy Wilder seguía siendo noticia. Sydney Pollack rodó el remake de “Sabrina” y Andrew Lloyd Weber hizo una versión musical de “El crepúsculo de los dioses” de la que, por cierto, el director no cobró ni un solo dólar porque los derechos pertenecían a la Paramount.

En realidad a Billy Wilder no le interesaban los remakes de sus películas sino llevar a las pantallas una historia que hablaba del holocausto. Desde que leyó la novela “La lista de Schindler” de Thomas Keneally quiso adaptarla al cine. Intentó comprar los derechos, pero Spielberg ya los había adquirido. Para él era algo más que una película, era rendir cuentas con el pasado ya que su madre, su padrastro y su abuela murieron gaseados en Auschwitz. Finalmente el proyecto lo llevó a cabo Spielberg que siempre ha confesado que fue el interés de Billy Wilder lo que le convenció para rodar el film.

La Lista de Schindler

A lo largo de toda su vida Billy Wilder había coleccionado todo tipo de objetos de arte. Muchos los había comprado en bazares y mercadillos de las ciudades en donde rodaba. En Berlín, de joven, comenzó a aficionarse por los muebles de diseño. Algunos de ellos los utilizó, incluso, en algunas de sus películas. En 1933, tras la victoria del partido Nazi en Alemania, Billy Wilder dejó Berlín y se trasladó a París. Allí se aficionó a la pintura y con el tiempo se convertiría en uno de los mayores coleccionistas privados de arte moderno de Estados Unidos. Unos cuadros que colgaba tanto en su casa como en su oficina de Beverly Hills. En 1989 Wilder decidió vender parte de su colección. La subasta se celebró en Beverly Hills y se convirtió entonces en un gran acontecimiento. El director ganó por la venta de sus pinturas y esculturas más dinero que el que había ganado por todas sus películas, más de 32 millones de dólares y tuvo una gran suerte: Un mes más tarde de la subasta se declaró un incendio en el edificio donde vivía causando grandes desperfectos en su casa. De no haber vendido las piezas quizá gran parte de su colección se habría perdido.

Billy Wilder y su colección. Foto Ken Hively

En 1995 el director Cameron Crowe y Tom Cruise intentaron convencer a Billy Wilder para que hiciera un pequeño papel en la película “Jerry Maguire”, pero el director se negó. Sus últimos años fueron tristes escuchando en las noticias como sus grandes amigos de siempre iban desapareciendo. Vio morir a Marlene Dietrich, a William Holden; murió su gran colaborador en los guiones I.A.L. Diamond, Walter Matthau, Jack Lemmon… Billy Wilder se fue quedando solo cumpliendo años.

Rodaje de "Primera plana"

Y el 27 de marzo de 2002, a los 95 años, el director fallecía finalmente de una neumonía. Según sus deseos no se celebró ningún funeral. Unos días después la comunidad de Hollywood le rendía un merecido homenaje. Está enterrado en el Westwood Memorial Park de Los Ángeles, un céntrico cementerio en donde también descansan Lemmon, Matthau y Marilyn Monroe, la actriz que tantos quebraderos de cabeza le dio rodando “Con faldas y a lo loco”. En su lápida su nombre y una frase: “Soy guionista”, seguida de la sentencia más famosa de esta película: “pero nadie es perfecto”.

Tumba de Billy Wilder

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