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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Hartos ya de tantos ministros fervorosos

Hace unos meses teníamos un insólito ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. Ahora su sucesor, Juan Ignacio Zoido, es un fiel heredero de aquella pringue fantasmal que flota en ese místico ministerio

Es difícil limpiar la roña. Sobre todo el churre y el cardenillo de siglos, ese que se va haciendo asquerosamente gelatinoso en el ideario colectivo de un determinado sector social, devoto de Frascuelo y de María, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz, esos españoles más españoles que nadie y, por tanto, más católicos y piadosos que nadie, que siempre han tenido, además, reservado para su clase un pedazo de poder desde el que hacer de su capa un sayo y dar regalías y honores a quien su ridícula superstición ha creído conveniente a lo largo de los siglos.

Si hasta hace unos meses teníamos un insólito ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que entre ley mordaza y sucio espionaje policial a los adversarios políticos, tenía tiempo para demostrarnos a todos su acendrada fe religiosa repartiendo medallas entre las vírgenes, como aquellos antiguos padrinos de boda que regalaban puros entre los invitados, es ahora su sucesor, Juan Ignacio Zoido, fiel heredero de aquella pringue fantasmal que flota en ese místico ministerio, quien ha concedido la Cruz al Mérito Policial con Distintivo Blanco al hermano mayor de la Congregación de Mena, la cofradía del Cristo de la Buena Muerte, patrono de la Legión, gran protagonista de la procesión de todos los Jueves Santos en Málaga.

¿Y si nos dejamos ya de tanta mugre?

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