Martes, 11 de Agosto de 2020

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El tardío estreno de “Viridiana” entre banderas rojas

El 9 de abril se cumplen 40 años del estreno de “Viridiana” de Buñuel, una de las películas más importantes de la historia del cine español. Un estreno que se hizo esperar bastantes años por cortesía de “madame Censura”.

El tardío estreno de “Viridiana” entre banderas rojas

Viridiana

Es el 9 de abril del año 1977. Una larga caravana de coches recorre las calles de Madrid ondeando banderas rojas. Es un día histórico para la democracia española. El partido comunista acaba de ser legalizado. La caravana pasa por la calle Fuencarral y entre el jolgorio no se fija en un grupo de personas que hace cola ante el cine Roxy A. Ellos también están a punto de asistir a otro momento histórico, al estreno de la película española más prohibida y perseguida por la censura franquista. Aquella que los cinéfilos buscaban en sus viajes al extranjero. Después de 16 años de prohibición, “Viridiana”por fin llegaba a España.

La culpa de todo la tuvieron Valle Inclán y Paco Rabal. El primero había escrito “Sonata de estío”, obra que en 1959 Juan Antonio Bardem quiso adaptar al cine y para ello se desplazó a Méjico. Paco Rabal era el protagonista y, estando en Méjico, no podía menos que visitar a su amigo Luis Buñuel que desde hacía años vivía exiliado en aquel país. Bardem, Fernando Rey, Aurora Bautista y el resto del equipo de “Sonata” fueron presentados al director y todos le insistieron en lo mismo: debía regresar a España para rodar una nueva película. Carlos Saura le conoció meses después en el festival de Cannes y también hizo lo suyo por convencerle.

Por fin, entre unos y otros, lo consiguieron y así, a finales de 1960, Buñuel, a pesar de haber jurado años atrás no volver a poner los pies en España mientras siguiera la dictadura franquista, faltó a su promesa y aterrizó en Madrid. El director regresaba a su país cargado de buena voluntad política y artística. Las autoridades también veían con buenos ojos su regreso ya que les permitía dar una imagen de cierta liberalidad de cara al exterior. Ya en Madrid Paco Rabal puso en contacto a Buñuel con Gustavo Alatriste, un hombre de negocios mejicano que deseaba convertirse en productor. Alatriste le dio plena libertad para que el director hiciera la película que quisiera y como quisiera.

La idea que tenía en mente Buñuel había nacido de una fantasía adolescente: “Cuando yo tenía 13 años estaba locamente enamorado de la reina de España Victoria Eugenia.” –contaba Buñuel– “Pero ¿cómo llegar hasta ella? Yo era un plebeyo y ella una reina. Entonces imaginaba que entraba en su habitación, le ponía un narcótico en la leche, ella lo bebía, se dormía y quedaba a mi merced. Entonces yo la poseía”. En la película el personaje del viejo caballero utilizaba esta estratagema con su sobrina. Luego, tras el suicidio de su tío la protagonista convertía la mansión familiar en un albergue para pobres. Sobre el papel parecía una historia religiosa y la censura no vio por tanto ningún inconveniente a la hora de aprobar el guión.

Para el papel del caballero que deseaba a su sobrina escogió a Fernando Rey. Con el tiempo acabaría convirtiéndose en su actor fetiche, pero en aquel entonces no le conocía apenas y le eligió simplemente porque le gustaba como había hecho de muerto en “Sonatas”. Los otros protagonistas eran Paco Rabal y Silvia Pinal, esposa del productor mejicano. Para el grupo de pordioseros el director eligió excelentes secundarios que rodaban durante el día y trabajaban en el teatro por la noche, aunque alguno de los mendigos lo era de verdad, como el inolvidable leproso, al que Buñuel encontró en el Metro, donde dormía entre cartones.

La película se rodaba en la Quinta del Pardo a pocos kilómetros de la residencia de Franco y el rodaje fue todo un acontecimiento. Carlos Saura y otros jóvenes directores no se perdían detalle del trabajo del maestro y el plató siempre estaba lleno de escritores e intelectuales que venían para exhibir su amistad con Buñuel. A él no le gustaban mucho y prefería compartir la comida con los extras y el equipo técnico. Además implantó una buena costumbre. Después de comer se hacía la siesta.

De las muchas escenas famosas que hay en la película quizá la más recordada y polémica sea la de la cena de los mendigos. Los pobres se sientan en la mesa en la misma posición que los apóstoles en la Ultima Cena. El mendigo ciego ocupa la posición de Cristo. La imagen causaría un gran escándalo después pero la verdad es que Buñuel no tenía ninguna intención de provocar con aquella escena. Se le ocurrió en el último momento al ir colocando a los personajes, y lo único que buscaba era el parecido estético con el cuadro de Leonardo da Vinci que él tanto admiraba. El rodaje transcurrió en el tiempo previsto, tranquilamente, sin que hubiera ningún problema. La película fue seleccionada para acudir al festival de Cannes y allí estalló la tormenta.

La película fue presentada el último día del festival y tuvo una acogida excepcional. Tanto es así que el jurado, que ya tenía decididos los premios, volvió a reunirse para otorgar a “Viridiana”La Palma de Oro, un premio nunca conseguido por el cine español ni antes ni después. Buñuel no estaba presente, así que el vizconde de San Javier, por entonces director de cinematografía, salió a recoger el premio con gran satisfacción. No sabía por entonces que “Viridiana”le iba a costar el puesto. Al día siguiente, El Observatore Romano, el periódico del Vaticano, publicó un violento editorial contra la película: “A las habituales exhibiciones que suele sufrir el festival de Cannes, se ha sumado este año las blasfemias de las que hace gala la película ganadora, “Viridiana”. Es especialmente deplorable que la tan amada y católica España haya presentado una cinta calificable solo como sacrílega, que se mofa de la religiosidad, ridiculiza la imagen de Nuestro Señor y exhibe crueldad y desdén hacia los pobres.”

Tras la condena del Vaticano la reacción en España no se hizo esperar. La censura prohibió fulminantemente la película. Al parecer el propio Franco vio dos veces la película, sin encontrar nada condenable en ella, pero por si las moscas concluyó el caso con una sentencia al estilo Nerón: “Qué la quemen”. Todas las copias fueron destruidas salvo un negativo que consiguió salvarse milagrosamente. Escondido en un coche, un empleado de Alatriste consiguió pasarlo a Francia a través de la frontera.

En España en cambio la película se había convertido en un tema tabú. La prohibición no sólo afectaba a la proyección de la película sino a su simple mención. La prensa no podía hablar de ella, ni del premio recibido en Cannes. Era como si nunca hubiera existido. Ante el repudio español el productor Alatriste hizo valer sus derechos y consiguió darle a “Viridiana”la nacionalidad mejicana, y como tal se estrenó en todas partes. Mejicana era pues la película que se estrenó en España 16 años después, aquel día de la legalización del PCE. Aún las autoridades españolas tardarían en reaccionar cinco años más y no sería hasta 1982 cuando le fue reconocida la nacionalidad española a “Viridiana”. La única película española que ha ganado la Palma de oro en el festival de Cannes y quizá la más famosa a nivel internacional de las películas que ha dado nuestro cine.

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