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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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El prestigio de los muertos, el desprestigio de ciertos vivos

El subdirector de 'Hora 25' destaca los techos de cristal que rompió Carme Chacón y el legado que deja en la sociedad española

El techo era de cristal blindado y para romperlo, o al menos para intentarlo, hacía falta algo más que martillazos.

El Ministerio de Defensa sirvió como un ariete perfecto... situar al frente del ejército a una mujer era una buena manera de agrietar el cristal y de provocar a los cristaleros. Y pese a todo, el techo sigue ahí, con algunos boquetes, es verdad, resquebrajado en algunas zonas, es cierto, pero sigue estando ahí como un tope anacrónico.

Como toda lucha, la de la igualdad también ha necesitado de muchas primeras veces, de momentos inaugurales que tienen el valor indiscutible del símbolo. Y Chacón, a su manera, lo fue. Fue simbólico su nombramiento, tuvo el poder del símbolo aquel "mande firmes" y ha terminado por adoptar el valor de una metáfora aquella imagen de una ministra de Defensa, embarazada, pasando revista a las tropas. Aquella fotografía fue como el polen para ciertos demócratas alérgicos.

Este país -quizá en eso seamos como todos los demás- suele ser ingrato en vida y generoso en el momento de la muerte. Hay reconocimientos que llegan al mismo tiempo que se escribe un epitafio. Pero seamos sinceros, aquella ministra removió ciertas entrañas en la política y también en el periodismo, que son, al fin y al cabo, dos de los constructores más activos y visibles de eso que ahora se llama relato. Y algunos vomitaron su propia testosterona y lo dejaron todo perdido porque sí, somos así, irracionalmente viscerales, irreflexivamente sectarios, imprudentemente inflexibles. El prestigio que acompaña a algunos muertos es el desprestigio de ciertos vivos.

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