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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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¿Por qué las mejores ideas llegan paseando?

Hablamos con Irene Lozano de la costumbre de pasear que comparten muchos grandes pensadores de la Historia

Detalle de 'La escuela de Atenas' /

Decía Nietzsche que los mejores pensamientos son los paseados. ¿Existe una relación directa entre el pensamiento y el paseo? ¿Esa idea de salir a pasear para despejarse tiene base científica? Desde Aristóteles hasta Steve Jobs, analizamos la relación entre la reflexión y el paseo. Está claro que hay una tradición de unir paseo y pensamiento. En el famoso cuadro de Rafael ‘La Escuela de Atenas’ están representados Arístóteles y Platón caminando rodeados de personajes como Hipatia, Sócrates, Parménides y Heráclito.

Aristóteles fundó su escuela, el Liceo, en el año 335 a.C. Lo que hacía el filósofo era pasear por su jardín, el peripatos mientras iba hablando a sus discípulos. De ahí surge la corriente filosófica de los peripatéticos, que bebe de la idea de ser ambulante, itinerante, con inclinación tras la muerte de Aristóteles en el estudio de la naturaleza, la ciencia y la ética.

Nietzsche afirmaba que "Todos los pensamientos verdaderamente grandes se conciben paseando”. Y lo ponía en práctica en la montaña, que era donde más le gustaba pasear. Tras renunciar a la plaza en la universidad de Basilea con 35 años , se pasaba los inviernos en el Mediterráneo y los veranos en los Alpes, en el pueblo de Sils-María. El pensador se levantaba a las cinco de la mañana y estaba trabajando hasta mediodía. Después subía a los altos picos que rodeaban el pueblo y se pagaba largas caminatas por las montañas.

Kant, quien vivió toda su vida en el mismo pueblecito alemán, Jonisgberg, paseaba de manera casi metódica: salía por las tardes, exactamente de cinco a seis, a los bosques. Siempre hacía el mismo recorrido, trataba evitar encontrarse con gente y si lo hacía procuraba no hablarles. De vuelta a casa de encerraba en su despacho y se ponía a leer, a pensar o a escribir.

En el caso de Rousseau, su afición al paseo tiene que ver con un cambio de vida. El francés no siempre fue aficionado al paseo, pero a partir de la publicación de su ‘Discurso sobre las ciencias', en el que reivindicaba la vida sencilla de la antigua Esparta y sostenía que las ciencias y las artes había empeorado la vida, se entregó a la vida sencilla, incluyendo largas caminatas diarias. Rousseau se dedicó a la contemplación del campo y anunció incluso que vendía su reloj, porque ya no necesitaba saber la hora. Una especie de precursor del movimiento slow.

¿Y por qué pasear ?

Manuel Martín Loeches, Profesor titular de Psicobiología de la Universidad Complutense y Coordinador del Área de Neurociencia cognitiva del Centro Misto de Evolución y Comportamiento Humanos, explica "cuando paseamos, el organismo  entiende que estamos realizando un ejercicio y que por tanto se necesita más oxígeno y flujo sanguíneo". Esto enseguida repercute en el cerebro: "el hecho de que llegue más sangre al cerebro significa que llega más oxígeno y glucosa, por lo que mejora la fluidez mental". En un ejercicio aeróbico de mucha intensidad, por ejemplo correr, el reparto de oxígeno y glucosa es más desequilibrado: los músculos necesitan más glucosa y oxígeno que el cerebro.

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