Lunes, 02 de Agosto de 2021

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Joan Crawford, el tesón de una estrella

El 10 de mayo se cumplen 40 años de la muerte de la actriz, una de las grandes divas de la historia de Hollywood.

Joan Crawford, el tesón de una estrella

Joan Crawford

Fue la primera gran estrella de la Metro, una morena huesuda de ojos saltones y fuerte carácter que se mantuvo durante varias décadas en el trono del cine americano. Joan Crawford consiguió mantener su posición a base de tesón y trabajo. Entre otras cosas cuidaba mucho su imagen pública. En sus fotos y entrevistas siempre salía sonriendo y amable. También mimaba mucho a sus fans. Durante toda su vida contestó personalmente o a través de un ejército de empleados las cartas que le llegaban de éstos.

Una infancia poco feliz en la que sufrió malos tratos le hizo desear escapar como fuera de su Kansas City natal y buscar un lugar en el mundo del espectáculo. Las páginas más turbias de su biografía dicen que empezó como corista en espectáculos musicales y rumores nunca demostrados cuentan que en esta época hizo alguna película porno con la que luego, cuando se convirtió en estrella, intentaron chantajearla. Lo cierto es que fue descubierta por la Metro e inició su carrera cinematográfica a finales de los años 20. En los años siguientes, gracias a películas como “Gran Hotel”, “Encadenada”, “Mujeres” o “Maniquí”, se convirtió en la principal estrella femenina del estudio.

Joan repetía una y otra vez sus personajes de mujer sufridora y al público le encantaba. Pero según iba cumpliendo años su estrella comenzó a apagarse y el jefazo de la Metro, Louis B. Mayer, no tuvo piedad con ella. En cuanto su popularidad declinó la puso de patitas en la calle. Pero la Crawford supo renacer como actriz. Fichó por la Warner rebajando su salario a un tercio de lo que ganaba en la Metro y gracias a su insistencia consiguió el papel que le devolvió de nuevo a la cima. La película era “Alma en suplicio” y con ella ganaría el Oscar. Gracias a él su carrera remontó y en los años siguientes rodaría otras buenas películas como “Amor que mata”, “Miedo súbito” o la inmortal “Johnny Guitar”.

Joan Crawford tenía fama de devora hombres. Se casó cuatro veces y tuvo infinidad de amantes. Clark Gable, con el que rodó varias películas, fue uno de los más famosos pero no el único, desde galanes consagrados hasta actores de reparto. Incluso jovencitos a los que se encargó de iniciar en el sexo, como la estrella infantil Jackie Cooper. También se ganó reputación de irascible. Muchos compañeros de profesión sufrieron en alguna ocasión su ira o sus desprecios. Aunque nada comparable a la guerra que mantuvo durante años con otra reina indiscutible del cine clásico: Bette Davis.

Las dos actrices se odiaban desde hacía décadas y juntas coincidieron en la película “¿Qué fue de Baby Jane?”. Según el director Robert Aldrich las dos estrellas no se pelearon en ningún momento durante el rodaje. El conflicto surgió después a partir de una entrevista de promoción que hizo Bette Davis. En ella se refería a ambas como “esos dos vejestorios”, algo que molestó mucho a Joan que le escribió una carta recriminándoselo. A partir de ahí comenzó una guerra abierta entre ambas que tuvo su culminación cuando las contrataron de nuevo para la película “Canción de cuna para un cadáver”. La tensión en el plató era tal que a la Crawford le sobrevino una enfermedad psicosomática y tuvo que ingresar en el hospital. Bette Davis presionó entonces al estudio para que no la esperaran y lo consiguió. Fue sustituida por Olivia de Havilland.

Tras “¿Qué fue de Baby Jane?” la carrera de Joan Crawford languideció a base de series de televisión y películas de terror. En los últimos años vivía sola, oculta de la gente, encerrada en su apartamento de Nueva York. Murió el 10 de mayo de 1977, de un infarto según la versión oficial, aunque algunas teorías sostienen que pudo suicidarse con somníferos. Pero tras su fallecimiento Joan Crawford siguió dando de qué hablar. En vida había sido madre de cuatro hijos adoptados. Una de las últimas decisiones que tomó antes de morir fue la de desheredar a sus hijos Christina y Christopher. En su testamento no daba muchas explicaciones. Simplemente decía: “Los motivos ya los conocen ellos”. Christina Crawford decidió entonces vengarse y lo hizo en forma de libro.

En “Queridísima mamá”, publicado un año después de su muerte, se describía a la actriz como una mujer maniática, mentirosa y obsesionada con la limpieza. También como una persona colérica y maltratadora de sus hijos. El libro se adaptó al cine a principios de los 80 con Faye Dunaway interpretando a Joan y aquella película desmitificó mucho a la estrella. Pero el veneno tiene un antídoto, basta con coger cualquiera de sus películas y verla actuar para concluir que, a pesar de su carácter, Joan Crawford fue y será siempre una de las indiscutibles reinas de Hollywood.

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