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Jueves, 05 de Diciembre de 2019

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El actor más querido del público norteamericano

Se cumple el 20 aniversario de la muerte de James Stewart. El actor falleció el 2 de julio de 1997 tras protagonizar un centenar de películas, muchas de ellas grandes clásicos del cine.

La culpa de todo la tuvo un acordeón. El padre de James Stewart tenía una tienda en Indiana en la que aceptaban el pago en especies cuando los clientes no tenían dinero y fue así como el instrumento cayó en manos del pequeño Jimmy que aprendió a tocarlo. Ya en la universidad, donde estudiaba arquitectura, vio un anuncio en el que buscaban músicos para acompañar las representaciones del grupo de teatro del campus. Stewart se unió a él, al principio sólo como acordeonista, pero poco a poco le fueron dando papeles de actor. En ese grupo hizo buena amistad con un chico algo mayor que él llamado Henry Fonda que no tardó en marcharse a Nueva York para hacerse profesional. Él fue quien le consiguió el primer trabajo a Jimmy en una obra de teatro y un par de años más tarde le recomendaría a Louis B. Mayer, el jefazo de la Metro, que fue el estudio que le firmó su primer contrato.

Una tras otras fueron llegando las películas. Un año después ya había hecho diez y en poco tiempo se convirtió en uno de los actores preferidos del público. En estos primeros años fueron sus películas bajo las ordenes de Frank Capra las que calaron más entre el público. Títulos como “Vive como quieras” o “Caballero sin espada”, con los que Stewart fue construyendo su personalidad cinematográfica: un héroe honrado y sencillo, la encarnación misma del americano de a pie, idealista y patriota. En 1941, con 33 años, ganó el Oscar por “Historias de Filadelfia”.

Aunque llevaba ya 26 películas a sus espaldas fue la primera vez que su padre aceptó que su hijo era un actor y nunca sería arquitecto y para demostrarlo colocó el Oscar en el escaparate del almacén de Indiana. James Stewart estaba en la cima de su carrera, pero entonces estalló la guerra. Desde que Hitler invadiera Polonia, el actor se había estado preparando en su avioneta privada para tener el número de horas de vuelo suficientes para ser aceptado como piloto militar. Stewart sirvió en Inglaterra hasta 1945 y alcanzó el grado de coronel. Participó en docenas de misiones y fue distinguido con la cruz del aire.

Había estado cinco años apartado de las pantallas pero su regreso no pudo ser más triunfal. Frank Capra, volvió a dirigirle en el que a la postre sería el mayor éxito de su carrera: “¡Qué bello es vivir!”. Rodó varias películas del Oeste con Anthony Mann (“Winchester 73”, “Colorado Jim”) y John Ford (“El hombre que mató a Liberty Valance”, “Dos cabalgan juntos”). Y es que el western fue uno de los géneros favoritos de Jimmy. También el maestro Hitchcock supo sacar partido de nuestro hombre en películas como “La soga”, “El hombre que sabía demasiado”, “Vértigo” o “La ventana indiscreta”.

Decidir cuál fue su mejor interpretación es labor imposible. Cada uno tenemos nuestra película favorita de James Stewart. Cualquiera de las que hemos citado, quizá “Me enamoré de una bruja” de nuevo junto Kim Novak; “Anatomía de un asesinato”, una de las mejores películas de tribunales de la historia; “El héroe solitario”, en donde daba vida al aviador Charles Lindberg o “Música y lágrimas” donde interpretaba a Glenn Miller.

En ésta última y otras películas que resultaron muy comerciales formó pareja con June Allison con la que tenía muy buena química. Tanto que algunos espectadores pensaban que estaban casados en la realidad. Pero la que acabó siendo su mujer fue Gloria McLean, ex esposa de un millonario. Desde que llegó a Hollywood Stewart estaba considerado uno de los solteros más cotizados del cine. Tuvo romances con Olivia de Havilland, Marlene Dietrich y otras actrices pero al final, ya cuarentón, fue Gloria la que se llevó el gato al agua. Con ella formaría uno de los matrimonios más estables de Hollywood. Los últimos años de la carrera de James Stewart fueron años de reconocimiento. Ganó un Oscar honorífico y recibió infinidad de homenajes y premios.

El público le tuvo hasta el final entre sus estrellas más queridas. Cuando Ronald Reagan se presentó para presidente James Stewart aparecía a menudo a su lado en las fotos de la campaña. Una broma circuló entonces por Hollywood. Decía que los republicanos se equivocaban de candidato. Debían presentar a Jimmy, ya que él si tenía el cariño de todos los americanos, y dejar a Reagan de acompañante en las fotos. James Stewart murió el dos de julio de1997 alos 89 años de edad. Tiempo atrás él mismo había escogido su epitafio, dedicado, cómo no, a su público: “El único mérito de mi vida ha sido dar a la gente algunos pequeños momentos de alegría. Solo por eso mereció la pena vivirla”.

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