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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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Mohammed y Abdulah: dos vidas opuestas por solo unas horas

Conocemos la historia de dos refugiados que representan la cara y la cruz de quienes se juegan la vida para llegar a Europa. Mientras el primero vive en Barcelona, el segundo continúa en Quíos evitando ser deportado

Mohammed y Abdulah son dos enfermeros sirios. Los dos suman otra coincidencia: no llegan a los 30 años. Mohammed tiene 24 años y trabajaba en un hospital e Alepo hasta que fue bombardeado. Abdulah tiene 26 y huyó por la persecución de las tropas gubernamentales y de los miembros del ISIS desde Palmira.

Mohammed llegó a Turquía el año pasado y tuvo la suerte de enterarse de que el 20 de marzo entraba en vigor el acuerdo con el país, según el cual los refugiados que llegasen a partir de entonces, serían devueltos. Así que Mohammed se apresuró para reunir el dinero que le exigían los traficantes y poder viajar a Grecia antes de la fecha marcada. Lo consiguió: llegó a la isla griega de Samos el día 19.

"Eran sobre las ocho de la tarde. Estaba en casa de los traficantes y estábamos hablando de que la forma de ir a Grecia sería en barca. Pero sobre las 10 vimos en la tele al primer ministro de Turquía hablando sobre el acuerdo. Decía que los refugiados que llegaran a Grecia después del día 20 serían deportados. Inmediatamente decidimos que al día siguiente teníamos que partir hacia Grecia"

Abdulah tardó dos meses y medio en huir de Siria. Llegó a Turquía en marzo, pero no tenía ni idea de la entrada en vigor del acuerdo. Se enteró de casualidad el mismo día 19, viendo la televisión en la casa de los traficantes.

Así que aquí es donde se bifurcan sus historias, con distinto desenlace. Porque aunque Mohammed malvivió en un campamento de Salónica, su vida ahora es completamente distinta a la de Abdulah. Él está ahora en Barcelona.

Cuando estaba en Grecia no llegué a perder del todo la esperanza aunque tuve que esperar mucho tiempo. Pero ahora estoy feliz, aquí en Barcelona, porque todo va bien. Es más, España es mejor de lo que esperaba. Voy todos los días a la escuela de idiomas, al gimnasio. Y por la tarde me dedico a estudiar español. Pero me queda un sueño, que es ver a mi familia. La última vez fue hace tres años

Y mientras tanto, Abdulah espera en Quíos la entrevista con la oficina de asilo para evitar que sea deportado. Nunca se imaginó, cuenta, que en Europa se vulneraran los derechos humanos de esta manera.

"Pensaba que respetaban los derechos humanos. Pensaba que era un país que respetaba, pero no lo es. Nada de eso existe. Solo está en los libros. Cogen a los refugiados y hacen dinero con ellos con acuerdos ilegales. El acuerdo entre la Unión Europea y Turquía es ilegal y lo han convertido en legal. Es como si el tráfico de drogas o armas lo hicieran en legal"

Y al drama de huir de una guerra se junta la angustiosa agonía de la espera que está originando serios problemas psicológicos en los refugiados. Una situación tan límite que muchas personas prefieren regresar a su país o a Turquía antes que seguir en un campo.

"Aquí una persona se quemó y es algo bastante común. La situación en la que estamos hace volverse loco a todo el mundo. He sido voluntario como traductor para psiquiatras, especialmente cuando atendía a los sirios, y todos ellos necesitan ser tratados, incluido yo"

 

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