Jueves, 04 de Junio de 2020

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No disparen al equidistante

El patriotismo es el último refugio de los canallas. Y más peligroso que el granizo

No disparen al equidistante

Hoy es un día con un montón de santos; y santas. Tenemos San Cosme, San Damián, San Calistrato Mártir, Santa Teresa Coudert, San Nilo el joven… y hay más, ¿eh? Pero, bueno, quédense con el que quieran porque yo voy a proponerles que el 26 de septiembre pase a convertirse en el día de los equidistantes.

Sí, porque hoy se produce un fenómeno único en todo el año: que el día y la noche duran lo mismo, duran exactamente igual. Así que creo que podemos designarlo como patrón de los equidistantes, a ver si el santo –o la santa– que sea son capaces de proteger a la especie más perseguida en la actual crisis política; especie más perseguida, pero para nada minoritaria. Porque los mal llamados equidistantes –porque no somos eso– o tibios, o blandos, o moderados no están en peligro de extinción, sino más bien en peligro de representación. Sí, porque no militan –no militamos– en patrias y banderas tan visibles como las que enarbolan los más apasionados del ‘Procés’ y del proceso, porque hay dos, y tampoco están organizados, pero están ahí. Y alguien se preguntará: pero, ¿qué es exactamente un equidistante? ¿Cómo se le reconoce?

De entrada porque defiende que todo este lío se tiene que arreglar dialogando, hablando, negociando, haciendo político. Eso de entrada; pero si no basta con eso, miren, yo les pongo algunos ejemplos muy personales, a ver si les sirven ni que sea como test.

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Creo que las autoridades catalanas, la mayoría parlamentaria, la mayoría independentista, han atropellado las leyes y a la oposición de una manera inaceptable. Pero no creo que pueda hablarse de golpe de estado; ni de muerte de la democracia.

Creo que las autoridades españolas han elegido la peor respuesta a ese desafío porque es una respuesta que viene de la indigencia política, se pasa de frenada, incluso puede vulnerar derechos, y desde luego encabrona a muchísima gente en Catalunya. Pero tampoco creo que pueda hablarse de estado de excepción; ni de franquismo.

Yo deploro que el fiscal general del estado actúe como ariete de esa estrategia, pero también me alucina ver a la presidenta del Parlament micrófono en mano arengando a las masas.

Yo, como otros catalanes, no comulgo con el simulacro de referéndum del domingo; para nada. Pero defiendo que tarde o temprano se nos consulte; y además hace años que lo defiendo.

A mí –como a otra mucha gente– me ofende que Serrat o Raimon reciban insultos por no abrazar la causa independentista. Pero también me ofende que Lluís Llach o Pep Guardiola no puedan defender esa misma causa sin que les crucifiquen o les hagan burla.

Y ya puestos a buscar ejemplos… el “¡a por ellos, oe!” con que centenares de personas despedían ayer en Huelva a los Guardias Civiles destinados a Catalunya, como si fueran a la guerra. Me da una grima enorme, significa muchas cosas y ninguna buena. Pero no creo que destrozar tres coches de la propia guardia civil el otro día en Barcelona pueda venderse como una anécdota, o una travesura.

Si todo este cuestionario les parece que supone un buen retrato del equidistante, y conocen a alguno, hoy le pueden felicitar; es su día. Yo, personalmente, no me veo retratado en esa definición, porque no creo estar practicando la equidistancia. Pero prefiero eso a que me llamen patriota de uno u otro lado. Porque el patriotismo –como dijo aquel– es el último refugio de los canallas. Y más peligroso que el granizo.

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