Domingo, 18 de Abril de 2021

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"La brutalidad de Al Assad sorprendió a todos los sirios"

Mustafa Khalifa pasó más de trece años en las cárceles de Hafez Al Assad. Es el autor de 'El Caparazón'.

Mustafa Khalifa y uno de los traductores del libro, Ignacio Gutiérrez de Terán

Mustafa Khalifa y uno de los traductores del libro, Ignacio Gutiérrez de Terán / Sara Selva

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En cuestión de horas Mustafa Khalifa pasa de estar sentado en el asiento acolchado de un avión a tener el cuerpo retorcido encajado en una rueda. En ese momento comienzan los más de trece años que pasó en la cárcel. Trece años fruto de un error.

Lo cuenta en 'El caparazón', un libro prohibido en Siria. Durante una de las manifestaciones, un joven fue detenido con el libro en la mano. "El instructor le dijo: ¿Qué llevas ahí?. Él le contestó que era una novela: El Caparazón. Cuando le pregunta de qué va, el chico, rompiendo el muro del miedo, le dice: Va de lo que le hacéis vosotros a los detenidos. Después de leer el libro, decidieron liberarle sin torturarle. Le dijeron: lo hacemos para demostrarte que este autor es un impostor y que todo lo que dice aquí es mentira", cuenta Khalifa.

Khalifa comprobó la influencia que tuvo el libro una vez iniciada la revolución en 2011. Descubrió la valentía que había dado a muchos sirios. Valentía para salir a las calles a manifestarse pacíficamente en contra del régimen. Para él, eso fue un alivo porque cuando lo publicó, años antes de la revolución, pensó que quizás la descripción de las torturas y de las inhumanas condiciones de la cárcel causarían miedo entre los sirios y, en consecuencia, serían un beneficio para el régimen. "Cuando supe que una editorial lo iba a publicar, fue cuando me vino ese pensamiento: ¿No será que con este texto lo que haré será servir los intereses de un régimen que se basa en el pavor y en el temor que le profesa la población?".

En la cárcel, Khalifa no tenía papel ni boli. Grabó en su mente todo lo que vio dentro de la celda que compartía con cientos de presos y también fuera, a través de un agujero en la pared que le convirtió en testigo directo de las continúas ejecuciones. Lo grabó como si fuera una cinta de vídeo para pasarlo, años después, al papel. "Lo escribí en tres meses y no lo quería volver a leer, no podía enfrentarme anímicamente a él".

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo

Las cárceles en Siria son, de un lado, una muestra de lo peor del ser humano, de la inhumanidad, pero también de la humanidad entre los presos. "Lo que intenta hacer la cárcel es destruirte y humillarte, obligarte a obedecer, de forma ciega, los dictados del régimen. Pero no puede despojarte de tu humanidad, al contrario, hace que te sientas más apegado a ese sentimiento de fraternidad y solidaridad".

Su libro, su testimonio habla de las cárceles de Hafez Al Assad, el padre del actual presidente sirio, habla de la Siria de los 80, pero podría estar haciéndolo de la de 2017. "No es extraño que lo que aparece en la novela describa lo que ocurre hoy porque pertenece a una misma forma de hacer política". Solo hace falta sustituir la cárcel de Tadmor, por la de Saydnaya, famosa por una serie de informes que durante los últimos años han documentado los crímenes que se cometen allí. Amnistía Internacional calcula que decenas de miles de sirios están presos en las cárceles, otros miles han desaparecido y más de 17.000 han muerto. Además, la tortura y las ejecuciones no solo ocurren en la oscuridad de las cárceles, sino también a plena luz del día. "Esta brutalidad, esta bestialidad por parte del régimen de Al Assad sorprendió a todos los sirios. ¿Quién podría imaginarse que un dirigente podría bombardear a su pueblo con armas químicas, que mataría utilizando el hambre como arma o que emplearía esos métodos de represión y castigo?".

Cuando Khalifa sale de la cárcel por primera vez, ve desde el coche cómo los sirios viven al margen de lo que ocurre en las cárceles. Siente que les es indiferente lo que está pasando. Luego descubre que no es así, que "estallaron como una olla a presión" con la revolución en 2011. ¿Vivimos aquí con esa indiferencia a lo que está pasando ahora en Siria? "El pueblo sirio siente una gran decepción. Está muy dolido con la reacción de Occidente. No ahora, sino desde el momento de las revueltas pacíficas. No solo fue una especie de omisión a lo que ocurría en Siria, sino una carta blanca para decirle al régimen: puedes hacer lo que quieras, no vamos a intervenir. Los sirios no pedían una intervención militar, pedían que se respetaran los derechos humanos".

Para Khalifa la revolución ha pasado a un segundo plano. También lo ha hecho el asunto de los presos, pese a ser una de las principales tragedias de Siria. Cree que en Occidente no se aborda la situación de manera correcta. "En Occidente se ha creado una dualidad: el régimen por un lado y los grupos terroristas por otro. Se dice que el régimen es malo, pero que los terroristas son peores. Por lo tanto, tenemos que atenernos al mal menor que es el régimen. Pero para nosotros, los sirios, el mal mayor es el régimen. El régimen es lo que ha provocado todo esto en lo que estamos hoy".

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