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La odisea de Jackie Shane: la cantante transexual que brilló y desapareció

Transexual, negra y mujer en una América racista y machista, Jackie Shane se abrió camino y registró una docena de canciones brutales que tras ser reeditadas en 2017 han recuperado la historia de esta pionera

Jackie Shane en la fotografía de portada de su disco reeditado /

Durante 25 años, Jackie Shane estuvo desaparecida. Sus amigos y compañeros se preguntaban si seguiría con vida, si todavía actuaría o si después de tantos años aún vestiría de mujer. Todas esas preguntas encontraron respuesta en 2017 cuando tras más de dos años de búsqueda la gente de Numero Group consiguió que la cantante de Nashville hablase con ellos. El sello de Chicago confirmó que Jackie Shane estaba viva, que ya no actuaba y que sigue, como desde hace sesenta años, sintiéndose mujer. La de Shane es una de las historias más fascinantes de la música, un relato con todos los ingredientes para convertirse en una buena película.

Fotografía de Jackie Shane durante una actuación en los sesenta / NUMERO GROUP

Nacido en el cuerpo de un chico en 1940, Shane entendió pronto que lo suyo había sido un error, uno grande y cruel. Ser una mujer negra transexual en el sur de los Estados Unidos en los años cincuenta era una muy mala mano con la que jugar la partida. Pero Jackie salió adelante, gracias al apoyo de su madre, y a la que pudo dejó Tennessee y encontró cobijo en Canadá donde llegó a ser uno de los mejores secretos de la música negra, una intérprete arrolladora, valiente y pionera que se abrió hueco en la música gracias a su carácter y a un inmenso talento. En Canadá, Shane era presentaba como un hombre aunque vestía como una mujer con cierto aire andrógino, un personaje diferente y peculiar que se adelantó demasiados años al movimiento LGTB. La gente, sin darle más vueltas, pensaba que era un tipo raro, un afeminado o un homosexual. “Simplemente era yo”, señalaba la cantante el año pasado en The New York Times. “Nunca traté de explicarme ante nadie como nunca pedí explicaciones a nadie”, añadía.

Durante una década, Shane se convirtió en una de las artistas más poderosas sobre las tablas con un espectáculo que desprendía una energía desbocada y salvaje. En esos años pasó por varias bandas, fue secuestrada por un mafioso de Toronto y escuchó todo tipo de insultos además de hacer frente a un recurrente acoso laboral y sexual tanto de delincuentes como de policías. Nadie pudo con ella. Jackie nunca grabó un disco y apenas registró una docena de sencillos, alguno de sobresaliente éxito en Canadá, pero su música se ha abierto barreras hasta llegar a los oídos de los dueños de Numero Group. El sello de Chicago -especializado en el soul- quería reeditar su música pero más allá de eso, quería contar su historia. La recopilación que han realizado reúne la grabación de los sencillos que han sobrevivido este medio siglo y un directo que capta, mejor que nada, la fuerza de esta artista desconocida. Unas canciones en vivo que se entremezclan con divertidos monólogos revelando su forma de ver y entender el mundo. Este doble álbum no presenta nueva canciones, toda su música estaba editada e incluso se encontraba  en Spotify, el valor añadido de este lanzamiento son las ochenta páginas de libreto que relatan el increíble viaje vital y musical de Shane a la que han localizado después de años de retiro. El misterio en la historia de Shane radica en que se fue tal y como llegó. Sin hacer ruido ni decir nada. Un día dejó Canadá y poco después se perdió su pista. Con el paso de los años, Shane se convirtió en una especie de mito para coleccionistas y melómanos.

El libreto firmado por Rob Bowman arroja luz sobre una de las historias más fascinantes de la música, la historia de una cantante que hizo siempre lo que quiso y que nunca tuvo dueños. Jackie fue una mujer que imponía sus normas, gustasen o no. Siguió su instinto y peleó por sus sueños logrando buena parte de ellos. Rechazó ofertas de Motown y de otros grandes sellos porque no aceptaba que nadie controlase su dinero y por eso se centró en los escenarios. Tocar y cobrar. No quería jefes y tenía claro su camino, un camino que pasaba por evitar las etiquetas y por eso se negó a entrar en el circuito de locales gais. “Soy una cantante de soul, no un mimo”, declaraba en una entrevista en The Guardian. Esa personalidad impidió a Shane alcanzar más público, pero la mantuvo viva en unos tiempos duros. Tiempos en los que la cantante vestía como la mujer que se sentía a pesar de los peligros que pudiese suponer. Jackie supo que era una chica a los trece años y nadie le iba a decir lo contrario. Su coraza para ello fue la música. El escenario le inyectaba confianza y esa confianza se vertía en unas interpretaciones que derretían cualquier prejuicio mientras fortalecían su escudo.

En Canadá, Jackie Shane brilló con luz propia y se convirtió en una atracción de lo más llamativa. Una transexual negra que se volvía loca sobre el escenario es un buen reclamo para cualquier local y en varios fue residente fija durante meses. Grabar, las listas de éxitos y todo lo que rodeaba a la industria musical carecía de importancia, la industria que a ella le interesaba era la del espectáculo donde el dinero pasaba por menos manos.

Parte del mural de Toronto en el que figura Jackie Shane / Adrian Hayles

Shane vivió aquellos años de carrera intensamente con giras constantes y largas residencias en distintas salas de Canadá y el norte de EEUU además de esporádicas visitas al estudio. Y aquello duró hasta que Jackie se cansó del hostigamiento y de la vida nocturna y se trasladó a Los Ángeles para cuidar de su madre viuda, esa madre que no entró en pánico cuando vio a su hijo adolescente maquillado y con tacones. Tras la muerte de su madre en 1997, Jackie volvió a su Nashville natal y desde hace una década vive recluida en su casa. Sale poco, pide comida a domicilio y le gusta mirar viejas películas de cine clásico disfrutando del inesperado interés que su historia y sus viejas canciones han despertado sesenta años después de grabarlas. En diciembre de 2016, un gran mural se pintó en el número 423 de Yonge Street, el barrio musical de Toronto. Un mural que homenajeaba a los artistas que habían puesto música en el barrio. Justo en el medio aparece Jackie. “Creí que sería olvidada”, relataba Shane a Bowman. “Esto demuestra que lo que hice no fue en vano y que mereció la pena, que la gente lo apreció y eso es algo hermoso”.

Escucha el disco de Jackie Shane en Spotify

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