No acosar
Si no es acoso habría que estudiar porque casi siempre se le enseña el pene a azafatas, fans de tu espectáculo o gente a tu cargo

La primera norma de este acto benéfico es no acosar al personal de servicio. Es decir, tú imagina que entras a formar parte de un club y lo primero que te dicen, a modo de ley sagrada, es que aquí está prohibido violar. Lo primero que pienso es que eso es un club de exvioladores en rehabilitación o de violadores en potencia. En el caso de la Cena de Presidentes está claro que hay un problema de acoso cuando supone tu primera preocupación. Como los hombres que dicen que una mujer con minifalda de madrugada va provocando y no debería ir sola: preocúpate mejor de por qué te parece a ti que va provocando, y qué te provoca.
La organización reclamaba azafatas altas, guapas y delgadas como requisito. 350 hombres reunidos para ejercer la caridad deben de pensar que son mejores que 350 hombres reunidos para ver el fútbol. O que deben de tener una autoridad moral distinta. Desde esos requisitos pedidos hasta todo lo que pasó después demuestra algo conocido: la posición de poder ejercida de todas las formas posibles. Es decir, la idea de que una azafata tiene que prestar sus servicios profesionales y poder ser requerida para otros. La idea de que tiene que estar acostumbrada y que, al estarlo, no puede sentirse molesta. Pero por si acaso, las obligaron a firmar un acuerdo de confidencialidad. Uno llegó a enseñar el pene. Esto es algo que te quería comentar en un aparte: la cantidad de gente que va por ahí enseñando el pene en cualquier circunstancia. Y lo más dramático: la cantidad de gente que le quita importancia diciendo que no es violencia o no supone una conducta de acoso. Lo dicen supongo con el pene fuera, también. Y si no es acoso habría que estudiar porque casi siempre se le enseña el pene a azafatas, fans de tu espectáculo o gente a tu cargo.

Manuel Jabois
Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario...




