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Empantanados

Si les digo que hoy estoy bastante cabreado, créanme. Si les digo que estoy muy harto, también. Y decepcionado. Y triste. Y preocupado

Si les digo que hoy estoy bastante cabreado, créanme. Si les digo que estoy muy harto, también. Y decepcionado. Y triste. Y preocupado. ¿Por qué les cuento todo esto? Pues porque los periodistas somos personas, y aunque tenemos la obligación de aparcar lo que sentimos a la hora de trabajar –y lo hacemos–, en la radio se admiten pocas imposturas. Y ya que compartimos cada tarde un ratito de nuestras vidas, me lo iban a notar –seguro– o sea que mejor desnudarse así de entrada.

Hoy, en menos de una hora, vamos a emitir un especial informativo con el debate de investidura que tendrá lugar en el Parlament de Catalunya; debate del que saldrá –si no hay sorpresas– un nuevo president de la Generalitat. Un president que mañana mismo, como estreno del cargo, tendrá que comparecer ante la justicia sin que pueda descartarse que acabe en prisión dentro de pocos días. Claro, esto dicho así de carrerilla, en una correcta construcción gramatical… ¿se dan cuenta de la barbaridad, del despropósito que supone? ¿O es posible que nos hayamos acostumbrado a lo irracional, a lo kafkiano, y a convertirnos en los frikis de Europa?

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El pleno de esta tarde lo vamos a seguir –y a comentar– con el máximo interés, es nuestra obligación profesional, pero yo no puedo evitar vivirlo como un fracaso, otro fracaso colectivo, como una nueva decepción. Han pasado tres meses desde las elecciones catalanas, han pasado casi seis desde aquel pseudo-referéndum del uno de octubre –con porrazos incluidos– y de aquel infausto pleno de finales de septiembre donde una mitad de Catalunya –la representada por la mayoría soberanista– decidió pasar de la otra media ignorando leyes y constitución.

Sé que el relato no acaba ahí, que deberíamos remontarnos a varios años atrás para desenmascarar el aventurerismo de unos y la indigencia política de otros; pero si nos quedamos sólo en este último medio año el balance –y el retrato– ya son acongojantes. Y lo que vamos a vivir esta tarde en el parlament me temo –ojalá me equivocara– que sólo servirá para encabronar más el ambiente. Tampoco ayuda la persecución judicial por capítulos –y por fases– a toda la cúpula de dirigentes soberanistas, pero, ¡ay, amigo! cuando se activa esa maquinaria pararla después es muy complicado.

Por todo eso, y por cosas que ya prefiero ni comentarles, hoy tengo una sensación y un sentimiento muy poco agradables, la verdad. Simplemente lo quería compartir con ustedes, porque creo que se lo merecen.

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