Somos lo que comemos
Si además alguien descubre un día cómo medir lo que nos afectan las mentiras, los engaños, las manipulaciones, los sectarismos, la codicia y la tontuna de unos cuantos, ese día seremos casi dioses; o reyes

Roberto Cuadrado
Madrid
Estoy convencido de que muchos oyentes, si ahora mismo les planteara una nueva entrega del caso Cifuentes o algo relacionado con el procés en Catalunya sentirían algo muy parecido a la indigestión. Pues miren, quizá para evitarlo, en parte por casualidad, por pura coincidencia, pero básicamente porque nos apetece, hoy les proponemos dedicar unos minutos en La Ventana a la alimentación, a la de verdad; no es ninguna metáfora sobre las noticias que consumimos ni nada de eso. No, es apuntalar la importancia decisiva que tiene todo lo que comemos en nuestra salud física y mental.
De hecho, la conocida frase “somos lo que comemos” tiene bastante más enjundia de la que parece a simple vista. La pronunció a finales del siglo XVIII un filósofo alemán, Ludwig Feuerbach, humanista y ateo, que lanzaba de esta manera una andanada contra la iglesia católica y su tesis de que el hombre para subsistir sólo necesita pan y agua. O sea, una milonga para convencer a los más desfavorecidos de que estaban ahí por designio divino; “si se quiere mejorar al pueblo –dijo textualmente Feuerbach– en vez de discursos denle buenos alimentos, porque somos lo que comemos”. Lo cual enlaza con otro pensamiento filosófico, de Sócrates en este caso, cuando proclamó aquello de: “el conocimiento os hará libres”.

Cadena Ser

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Ya no hay duda sobre la relación entre nuestra salud y lo que comemos y por eso debemos celebrar la llegada de libros tan didácticos como “mi dieta ya no cojea”, del que vamos a hablar a continuación. Si además alguien descubre un día cómo medir lo que nos afectan las mentiras, los engaños, las manipulaciones, los sectarismos, la codicia y la tontuna de unos cuantos, ese día seremos casi dioses; o reyes.




