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María Solana: "La misma sentencia nos obliga a recurrir"

La portavoz del gobierno foral de Navarra insiste en que la propia sentencia del caso de la manada describe la intimidación necesaria para considerarlo una violación, una agresión sexual

Como acusación popular en el proceso, el gobierno de Navarra va a recurrir la sentencia de la Audiencia Provincial de Navarra contra los cinco chicos conocidos como “la manada”, condenados, finalmente, por abuso sexual y no por agresión sexual, por violación, como pedían la defensa, la fiscalía y el propio gobierno foral. “La misma sentencia nos obliga a recurrir, porque contiene la respuesta a la demanda que hacíamos, considerar esto una agresión con intimidación”, ha insistido María Solana, que ha destacado cómo los jueces hablan, en esa sentencia, de “sometimiento, utilización de la víctima como objeto, o actitud de jactancia”. Todo esto, en su opinión, viene a demostrar que “sí hubo intimidación” y que, por tanto, “con la misma legislación hay otra interpretación posible y es lo que pedimos”.

En esa misma línea se ha manifestado Marisa Soleto, directora de la Fundación Mujeres, para la que está claro que la sentencia viene a demostrar que “a la justicia le cuesta reconocer la violencia y la intimidación en el marco de un delito sexual”. A la vista de los hechos que los jueces dan por probados, Soleto ha defendido en Hoy por Hoy que “la sentencia debía haber reconocido esa intimidación”.

También Lucía Avilés, magistrada experta en delitos sexuales y vocal y socia fundadora de la Asociación de Mujeres Juezas de España, ha insistido en esa aparente contradicción. “En los hechos probados, la sentencia está describiendo una situación intimidatoria, habla de angustia, bloqueo, sometimiento, miedo. Está describiendo una situación de intimidación pero a la hora de calificarla jurídicamente no traspasa ese filtro”, ha explicado la magistrada, para la que estamos ante un problema generado por los prejuicios y los estereotipos conocidos como “mitos de la violación”, y que, en su opinión, prejuzgan a la víctima. Para aclararlo, Lucía Avilés ha comparado el caso con el de un hipotético robo: “si te rodean en grupo cinco hombres y te piden la cartera todo el mundo va a entender que te vas a ver obligada o intimidada a entregar lo que te piden. No se pone en duda que no querías entregar lo que te piden. Cuando lo trasladamos a los delitos contra la libertad sexual entran en juego los estereotipos de los que estamos hablando, una aplicación estereotipada de la norma, prejuicios que salen a la luz”.

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Cadena SER

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