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Jueves, 20 de Febrero de 2020

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De nuevo en la encrucijada

El juego de contrarios de los intereses de todos los partidos complica cualquier salida, lo que nos conduce a nuevos meses de vértigo en la política española.

Si hemos llegado a aquí es por la incapacidad política de Rajoy para gestionar tanto la crisis catalana como la corrupción en su propio partido. Han saltado todas las alarmas tras la detención de Zaplana, la sentencia de Gürtel, la falta de crédito que concede el tribunal a la declaración del presidente y el desdén con que el PP trata la condena penal de su tesorero, como si Bárcenas perteneciera a un cuerpo administrativo ajeno al partido. El consenso es unánime: Rajoy no puede seguir al frente del país y el Gobierno está liquidado. Si esto le hubiera ocurrido al PSOE, estaríamos asistiendo a un linchamiento pidiendo la disolución de las siglas. Con una diferencia sustancial: que al secretario general socialista lo habrían echado sus propios cargos y militantes.

Para el PP puede cambiar notablemente su futuro electoral. Básicamente, si el PP ha seguido gobernando hasta ahora es porque la alternativa clásica, el PSOE, ha estado electoralmente gripada desde hace años. Pero ahora, los votantes del PP no solo tienen otra alternativa sino que encima pertenece a su mismo espacio ideológico. Ciudadanos, que está tirando del patriotismo español como nunca se atrevió el PP dado el pecado original de su pasado tardofranquista con Alianza Popular, va encaramado en las encuestas y Rivera tardará poco en percutir con el “váyase señor Rajoy”. La clave es saber si cuando se abran las urnas los españoles percibirán al PSOE como la alternativa. Si no es así, Ciudadanos sumará votos a la derecha y a la izquierda. De momento, Pedro Sánchez acaba de dar un paso que lo devuelve al centro del tablero.

El PSOE, que prácticamente no podía hacer otra cosa que presentar la moción, necesita ahora los apoyos pero también un ejercicio de reflexión. La falta de solidez de cualquier alternativa aconseja convocar elecciones. Pero ojo con los tiempos. Por un lado, tener a la vez a España y Cataluña sin gobierno durante unos meses es un factor de riesgo. Por otro, más allá del empeño del PP en aventar el caos, hay un riesgo cierto en torno a la estabilidad en la cuarta economía europea, justo cuando la tercera, Italia, está en una crisis aguda.

Pero, de entrada, Sánchez necesita los votos suficientes para sacar la moción adelante. Rajoy ya ha dejado claro que no se mueve y no hay que descartar que su legendario aguante vuelva a funcionarle. Y Rivera ha pasado de ver españoles a ver solamente urnas. El juego de contrarios de los intereses de todos los partidos complica cualquier salida, lo que nos conduce a nuevos meses de vértigo en la política española.

 

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