Lunes, 02 de Agosto de 2021

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LO QUE EL CINE NOS DEJÓ

Esther Williams, la sirena del cine musical

En el quinto aniversario de su fallecimiento recordamos a una de las grandes estrellas del Hollywood de los años 40 y 50, creadora de un estilo: el musical acuático.

Esther Williams, la sirena del cine musical

Esther Williams, la sirena de América

Esther Williams fue la única estrella de la historia que por sí misma creó un estilo cinematográfico: el musical acuático. Un subgénero del cine musical del que fue protagonista exclusiva y que, de hecho, desapareció el día en que ella abandonó las pantallas. Su escenario natural era la piscina donde Esther era el centro de fastuosas coreografías acuáticas de las cuales emergía siempre espléndida, como una diosa de las aguas.

Desde muy pequeña se sintió atraída por el agua. Como su familia era muy modesta y no podía inscribirla en un club de natación, su padre le buscó un trabajo en el servicio de toallas de una piscina. A cambio de trabajar podía entrenar allí y en poco tiempo se convirtió en una auténtica campeona. Antes de cumplir los dieciséis ya había ganado tres campeonatos nacionales y batido varios récords. Fue seleccionada como parte del equipo estadounidense que debía acudir a los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1940 pero, al estallarla Segunda GuerraMundial, la cita olímpica fue cancelada y su sueño de ser una gran nadadora quedó frustrado. Pero el destino le tenía reservado otro papel estelar enla vida. Eseaño se celebraba en San Franciscola Feria MundialAcuáticay Esther Williams fue contratada para participar en un espectáculo. En él coincidió con el también nadador olímpico Johnny Weissmuller, muy famoso por entonces gracias a su personaje de Tarzán en las pantallas. Y fue entonces cuando un ejecutivo de la Metro, que había ido a saludarle, se fijó en la chica y propuso al estudio su fichaje.

Esther Williams y Johnny Weissmuller

Antes de ponerla frente a las cámaras la Metro empezó a prepararla con clases de interpretación, baile y canto y la lanzó como pin-up. Su imagen en bañador se hizo célebre en calendarios, anuncios y revistas. En 1942, por fin, la hicieron debutar en el cine en una de las películas de la saga de “Andrés Harvey” que protagonizaba Mickey Rooney. Era un papel minúsculo pero resultaba difícil pasar por alto a aquella belleza en bañador que se lanzaba a la piscina y besaba bajo el agua a Mickey, en la que habría de ser la primera de muchas escenas submarinas de la actriz.

Con su tercera película los ejecutivos decidieron que había llegado el momento de lanzarla como gran estrella. “Escuela de sirenas” fue el primer musical rodado en tecnicolor, una comedia romántica en la que ella interpretaba a una profesora y el cómico Red Skelton a un compositor de canciones. La película fue un éxito apoteósico colocándose como el segundo film más taquillero de la historia de la Metro hasta entonces, tras “Lo que el viento se llevó”. El público se volvió loco con la nueva estrella y fue su compañero de estudio Clark Gable quien le bautizó con un apodo: La sirena de América, así sería conocida a partir de entonces Esther Williams.

En los años siguientes la actriz protagonizaría más de 20 películas, la mayoría de ellas comedias musicales con escenas acuáticas: “La hija de Neptuno”, “La primera sirena”, “Fiesta brava”, “En una isla contigo”… eran películas de evasión que hoy en día resultan bastante bobaliconas, casi siempre en torno a un conflicto amoroso con el galán de turno y en escenarios coloristas. También participó en algunas películas sin agua como “Llévame al partido” junto a Gene Kelly. Pero lo suyo de verdad erala piscina. Espectacularesballets acuáticos llenaban sus films. Escenas submarinas, saltos de trampolín o esquí acuático entre fuegos artificiales, luces de colores y cascadas. La Metro no escatimaba presupuesto en crear los escenarios más sugerentes y las coreografías más deslumbrantes. Si Gene Kelly había bailado con Tom y Jerry en “Levando anclas”, Esther nadaría con ellos bajo el agua en “Peligrosa cuando se moja”.

Esther Williams con Tom y Jerry

La propia Esther Williams diseñaba muchos de sus ballets. Era un trabajo duro que le obligaba a pasar muchas horas del día ensayando. El público nada sabía de los percances que a veces sufríala estrella. Tímpanosdañados, lesiones, accidentes… o aquella vez que incluso estuvo a punto de morir ahogada durante el rodaje de una escena submarina. Además, la actriz se esforzaba mucho para ofrecer algo más que sus habilidades acuáticas. Bailaba razonablemente bien y también cantaba. Con su segundo marido, el cantante Ben Gage, grabó incluso algún disco.

A mediados de los años 50 la actriz se sentía cansada del musical acuático. Abandonó la Metro e intentó, como actriz independiente, hacer otro tipo de películas lejos del agua. Rodó varios títulos pero ninguno tuvo éxito y a comienzos de los 60 decidió abandonar el cine. En esa decisión tuvo mucho que ver el cantante y actor argentino Fernando Lamas con el que se había casado. Según contaba la actriz en su autobiografía fue él quien le convenció para que dejara las pantallas porque en su opinión (bastante machista, por cierto) “con una estrella de cine en la familia era suficiente”.

Esther Williams no se resignó a ser un ama de casa sino que se convirtió en una mujer de negocios. Abrió las “Piscinas Esther Williams”, varios restaurantes y creó una empresa de bañadores en la que ella misma diseñaba los modelos. Dirigió también cursos para enseñar a nadar a los niños por todo Estados Unidos y se convirtió en una de las mayores promotoras de la natación sincronizada. Probablemente este deporte nunca habría llegado a ser tan conocido hoy en día de no ser por Esther Williams y, en reconocimiento a su trabajo, fue la estrella invitada del estadio de natación de Los Ángeles durante los Juegos Olímpicos de 1984, en el estreno de la natación sincronizada como disciplina olímpica.

En los últimos años de su vida una caída la postró en una silla de ruedas, pero según contaba su marido, el actor Edward Bell, Esther nadaba un rato todos los días en la piscina de su casa. Y es que el agua siempre fue su elemento natural, el olor a cloro y a sal marina. Por eso para los amantes del cine siempre será recordada como La Sirena de América, una de las estrellas más rutilantes del musical de los años 40 y 50. Esther Williams falleció el 6 de junio de 2013 a la edad de 91 años.

 

 

 

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