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Lunes, 16 de Septiembre de 2019

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Un imprevisto estallido emocional

El debate de la moción de censura se resumió en el vértigo socialista, el entusiasmo de Podemos, el hundimiento del PP y el enfado de Ciudadanos

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Al acabar la votación de la primera moción de censura que prosperaba en España, a muchos diputados les costaba articular las palabras. En la puerta del fondo, por donde suelen salir los parlamentarios del PP, empezaron a formarse corros de abrazos. Se vio alguna lágrima. Se acababa de producir un relevo político que, esta vez sí, tenía una dimensión histórica, pero había también un estallido emocional al final de una semana de tensión y vértigo.

Muchos no creían lo que acababa de pasar y, como si fuera un duelo, aún estaban lejos de la etapa en que se asume la pérdida. "Ministra Cospedal, ¿le podemos hacer una pregunta?". La ministra miró sin mirar. Mantuvo el paso y siguió hasta el final del pasillo quitándose los micrófonos de encima. Rajoy se había marchado antes, porque Rajoy fue el primero en marcharse después de saludar a su sucesor, Pedro Sánchez, en mitad de un magma emocional que el Congreso no recuerda.

Por la primera puerta, la más próxima al patio, fueron saliendo de poco en poco los diputados de la parte progresista. Tampoco se decían mucho: muchos se abrazaban, otros mezclaban sin querer la alegría con la sorpresa o la estupefacción, porque incluso en aquel momento pensaban que era impensable. El secretario de Organización socialista, José Luis Ábalos, habló esa mañana de sorpresa y de improvisación. Pero la moción prosperó.

En Unidos Podemos nadie disimulaba el entusiasmo, como si en realidad estuviera triunfando la moción que Pablo Iglesias había presentado un año antes. Afuera llegaban los gritos de 'Sí se puede' de su grupo parlamentario, más efusivo que el socialista. También se oían los aplausos del PSOE, que combinaban la ilusión con el peso de la responsabilidad. El viernes en que cambió el presidente del Gobierno, cuando en la política española volvió a ocurrir algo que nunca antes se había dado, el estallido emocional que se percibía en el Congreso daba la medida del escenario que se abre ahora para cada partido.

Ahí estaban el vértigo socialista, en el punto medio entre la oportunidad que se presenta para el partido –que ha llegado a estar cuarto en algunas de las encuestas recién publicadas– y el riesgo de gobernar con 84 diputados y sin socios estables. "Ojalá salga bien", confesaba una diputada del PSOE, que aliviaba sus dudas con este convencimiento: "No podíamos hacer otra cosa, no había alternativa". Ahí estaba también la efusividad de Unidos Podemos, que se refería a la moción como si fuera suya. También Iglesias se encuentra en su encrucijada particular, entre el apoyo a un Gobierno progresista y el reto de liderar la izquierda española. Sabe el secretario general de Podemos que a Pedro Sánchez se le ha puesto ya cara de presidente del Gobierno. Iglesias construyó su discurso desde hace años con esta premisa: "La alternativa al PP es Podemos".

Pero el viernes en que prosperó la censura estaban también en el Parlamento las emociones contrarias. Para empezar, el abismo que se notaba en el PP, que deberá atravesar ahora un proceso de refundación. No hay dudas en eso, si acaso la pregunta de cuándo empezará. Las caras de Soraya Sáenz de Santamaría, de Dolores de Cospedal, de Rafa Hernando o de Fernando Martínez Maíllo eran de abatimiento. Miradas al suelo. Quizá por eso Rajoy fue a recluirse a un restaurante cerca de la Puerta de Alcalá. Ahí estaba, viendo pasar los presidentes. Lo mismo que veía Albert Rivera, ungido en todas las encuestas y, sin embargo, descabalgado de la escena, protagonista además de los enfrentamientos más rudos que tuvo el debate parlamentario.

Es curiosa la circunstancia de Ciudadanos: primero en los sondeos, ha sido socio del PSOE y del PP; proclama la regeneración, pero votó en contra de la censura a Rajoy. Y, pese a todas esas condiciones, su intervención fue lo más tenso por el tono con el PSOE y con el PP. Traidor, le llamaban sus hasta ahora socios. La emoción que había en Ciudadanos era el enfado y las emociones, tan subjetivas y volátiles, acaban por ser lo más sincero y, en los días sin precedentes, resultan de lo más reveladoras. Hay un mapa emocional convulso que describe la escena política española.

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