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Martes, 15 de Octubre de 2019

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La cantante con peor suerte del mundo

La periodista Noemí Sabugal publica 'Un chica sin suerte' (Ediciones del Viento) el primer libro editado en España que se adentra en la increíble vida y obra de la cantante Big Mama Thornton, uno de los referentes del blues

Big Mama Thornton fuma en su camerino durante la cuarta edición del American Folk Blues Festival, en Londres /

Noemí Sabugal entró en la vida de Big Mama Thornton de casualidad, pero quedó enganchada a su música y a su historia. La chulería, el talento y la fuerza de la cantante atraparon a la periodista que al poco tiempo comenzó a indagar en la vida de una de las intérpretes más singulares del blues. Al principio de su viaje se topó con una realidad inexplicable: su historia estaba repleta de lagunas, de falta de información. Así comenzó la aventura de Sabugal por sus discos y su historia. Este fue el punto de partida para la escritura de Una chica sin suerte (Ediciones del Viento), un libro en el que la periodista se mete en la piel de la cantante de Houng Dog para narrar sus impresiones en la gira europea de 1965, su primera visita a Europa coronada con la grabación de su primer álbum de estudio tras veinte años de carrera.

Bebedora, bromista y pendenciera, Big Mama Thornton se dio a conocer en 1953 cantando ‘Hound dog’, el tema que años después consagró a Elvis como la primera gran estrella del rock and roll. Su carrera pasó por distintas etapas, conoció el éxito y pasó épocas de oscuridad hasta que la llegada de los años sesenta y el revival blues relanzó su carrera, gracias principalmente a ‘Ball and Chain’, la versión que hizo Janis Joplin de su canción. Con ninguno de sus dos éxitos hizo dinero, pero dejó su huella en la música por su forma y elegancia, una elegancia que cautivó a Sabugal con quien charlamos de su libro y de la figura de Thornton.

Este verano Sofá Sonoro dedicará un programa especial a la vida y obra de Big Mama Thornton con la participación de Noemí Sabugal

Enlace para leer un fragmento de la novela Una chica sin suerte

¿Cómo descubres la obra de Big Mama Thornton y qué te lleva a escribir este libro?

Estaba haciendo una novela en la que había creado un grupo que cantaba blues interpretado por mujeres. En la búsqueda de los nombres que iba a citar, me encontré con el vídeo grabado en Baden-Baden a Big Mama Thornton al comienzo de la gira de la American Folk Blues Festival de 1965. La voz, el talento y la chulería de Willie Mae, liderando a ese grupo de músicos increíbles, me dejaron fascinada. Y esa fascinación me llevó a querer saber más de ella y, al final, a la necesidad de contar su historia.

¿Cómo describirías a Big Mama Thornton a alguien que no supiese absolutamente nada de ella?

Fue una mujer con un gran talento y con una enorme pasión por la música, a la que dedicó su vida a pesar de todas las dificultades. Como la gran mayoría de intérpretes de blues de esta época, no sabía solfeo, pero componía canciones y la música era para ella casi un instinto. Era una mujer fuerte, con muy mala leche y malhablada, pero los que la conocieron dicen que encubría su fragilidad y que tenía mucho sentido del humor. Y siempre fue a su aire, lo que muchas veces la perjudicó.

Has escrito sobre un momento importante en la vida de la cantante, pero lo has hecho en forma de novela. ¿Cómo ha sido meterte en su cabeza?

Ha sido como un máster en espiritismo, por decirlo de alguna manera. Para oír su voz y que la escuchara el lector, para conocerla y comprenderla, tenía que sumergirme en su música, buscar las entrevistas que había concedido -muy pocas de ellas grabadas-, leer todo lo que pudiera de lo que dijeron quienes la conocieron. Y, sobre todo, tratar de sentirme como ella. Imaginarme como ella: su furia, mi furia; sus frustraciones, las mías. He mezclado lo suyo con lo mío, dos chicas de pueblo con una pasión por crear, y he intentado pensar en ella como pensaría en mí misma.

¿Qué supusieron esas giras europeas para todos aquellos artistas afroamericanos que en su país estaban segregados y en Europa eran tratados como estrellas?

Big Mama Thornton siempre habló de esa gira europea con gratitud y, de hecho, volvería a Europa con la American Folk Blues Festival en 1972, siete años después. Para ella, a mediados de los sesenta, significó un importante impulso porque, al margen de estar en grandes festivales como el de Monterrey, el resto del tiempo trabajaba en pequeños clubes. Hacía lo que podía y cobraba lo que podía. En esos años, para los jóvenes afroamericanos el blues sonaba a algo pasado de moda, era la música de sus padres. Y, en general, lo que los chavales estadounidenses querían era rock y pop, soul y doo-wop. Pero estos músicos llegan a Europa y llenan grandes teatros y además los jóvenes músicos europeos los acogen como a maestros. Y alucinan, claro. De los conciertos de la American Folk Blues Festival en Europa beberán bandas como los Rolling Stones, que toman su nombre de la canción de Muddy Waters; o Led Zeppelin, que empezarían muy bluseros y después cambiarían. Además, en Estados Unidos fue un año muy importante para los afroamericanos, porque la intensa lucha para conseguir sus derechos había dado como resultado la ley de Derecho al Voto, que impedía los sucios trucos que todavía existían en algunos estados para limitar el voto afroamericano, como la exigencia de un determinado nivel educativo.

A pesar de que, como dices, «es una novela, baby», el proceso de documentación de la vida de Thornton está muy bien hecho y más teniendo en cuenta la escasa información que hay de su vida. ¿Cómo fue el proceso?

Al principio, complicado. Como señalas, hay muy poca información sobre su vida y la que hay es muy superficial y a veces errónea. Algunos artículos, breves reseñas en enciclopedias sobre música, pero ninguna biografía. Cuando empecé a escribir la novela, no me podía creer que nadie, tres décadas después de su muerte, hubiera escrito sobre esta gran artista. Entonces descubrí que un alemán llamado Michael Spörke iba a remediar esa falta y, en algunos meses, publicaría una biografía de Willie Mae Thornton, la única que existe hasta ahora. Le localicé a través de las redes y le felicité por la iniciativa. Su libro, Big Mama Thornton, the life and music, ha sido una buena guía. Sin embargo, de la gira europea no hay demasiada información y por eso me interesaba iluminar este espacio en sombra.

¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de la personalidad de Thornton?

Su independencia radical y su fuerza.

Me parece que el título: Una chica sin suerte, no puede ser más acertado. ¿A qué crees que se debió tan mala fortuna... ¿su alcoholismo, su condición de mujer en un mundo de hombres?

A muchas circunstancias. Entre ellas, como decía, a la determinación de marcar su propio camino. La dependencia del alcohol no la favoreció, desde luego; sobre todo porque murió joven, con cincuenta y ocho años, y podía haber seguido creando grandes canciones. Ser mujer no era fácil tampoco, pero otras mujeres tuvieron más suerte y han sido más recordadas, como Bessie Smith o Billie Holiday. Pero ella no tenía la elegancia de Bessie o la belleza de Billie. Era otro tipo de mujer. Una mujer que quería cantar con camisa de cuadros y botas de cowboy, que no quería que nadie le dijera qué ponerse o qué hacer. Además, tuvo una vida durísima. Salió a los catorce años de casa y empezó a actuar en los escenarios. Y vivió momentos terribles, como cuando tuvo a su hijo, muy joven, y las autoridades se lo quitaron. Casi nunca hablaba de ello. Así que claro que fue una chica sin demasiada suerte y, además, éste es el título de una de las canciones que grabó durante esa gira europea: Unlucky girl, que le había regalado Champion Jack Dupree.

Big Mama Thornton es uno de los grandes talentos de la música a rescatar. Era una mujer que escribía sus canciones, soplaba la armónica como nadie, bailaba y tocaba la batería... en muchas cosas resultó una adelantada a su tiempo…

Había otras músicas fantásticas que cantaban, tocaban y componían, como Mamie Smith, Memphis Minnie o Victoria Spivey, pero pocas que toquen la armónica y la batería. Y ninguna como ella, por lo que resulta aún más triste y sorprendente su olvido.

Tu libro gira alrededor de este viaje por Europa de 1965 y de la grabación de su primer disco. ¿Cómo funcionó ese disco?, ¿cambió de algún modo la carrera de Thornton?

Hace poco contacté con Chris Strachwitz, propietario de la discográfica Arhoolie Records, que fue quien grabó Big Mama Thornton in Europe, así que sería mejor preguntárselo a él. En todo caso, el disco no fue un bombazo, pero resultó importantísimo para Willie Mae porque, después de más de veinte años sobre los escenarios, era su primer disco. Había grabado singles, pero nunca un disco completo, y el primero lo grababa con treinta y nueve años. A ver si eso no es mala suerte o llámalo como quieras. Pero, a partir de éste, vinieron los demás, así que sirvió para afianzar su carrera en mitad de su recorrido. Al año siguiente, grabaría otro con la banda de Muddy Waters y después el resto, que no son demasiados.

Años antes de esa gira había grabado Hound Dog, el tema que sería un éxito para Elvis y también había compuesto la canción Ball and Chain, un tema clave para Janis Joplin, que la cantó en el Festival de Monterrey de 1967. Un caso de expolio cultural a los afroamericanos, pero que Thornton encajó de manera diferente con Elvis que con Janis.

Sí, pero con razón. En primer lugar, Hound Dog es la canción que es porque está impregnada del carácter y el estilo de Big Mama Thornton. Jerry Leiber y Mike Stoller la habían compuesto para ella y, aunque una tercera parte de los derechos de la canción eran reclamados por su amigo Johnny Otis, los perdió tras un juicio. Después llega Elvis, graba la canción y se convierte en un éxito arrollador, pero nunca recordó que Big Mama Thorton la había cantado antes. Willie Mae estaba muy cabreada con Elvis y no recibió ni una migaja de ese éxito. El rey del rock ni siquiera quiso compartir escenario con ella y cantarla juntos, y sabemos que esa propuesta se le hizo. Pero el caso de Janis Joplin es totalmente distinto. Para empezar, Ball and Chain había sido compuesta por Big Mama Thornton y fue Janis la que le pidió cantarla después de escucharla en un concierto en el Both/And Club de San Francisco. Willie aceptó y Janis siempre se lo agradeció públicamente e incluso la cantaron juntas sobre el escenario. Esa amistad y ese agradecimiento venció incluso a la muerte, porque cuando Janis murió, Thornton, a pesar de que la canción era suya, cuando la cantaba decía: «Ahora, Ball and Chain, que cantó la gran Janis Joplin».

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