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Miércoles, 11 de Diciembre de 2019

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San Garralda

El sacerdote Jaime Garralda fallecía este sábado a los 96 años de edad, dedicó toda su vida a quienes él denominaba "los preferidos del Señor"

Nunca he tenido clara cuál es la definición de santo, pero sí de buena persona. Para serlo hay que preocuparse de los demás, ponerse en su lugar, empatizar, ayudar, echar una mano. Hoy les quiero contar la historia de una buena persona. Buena y muy grande

Se llamaba Jaime Garralda, era jesuita, y murió el pasado fin de semana a los 96 años, pero nos deja un legado que le va a sobrevivir mucho tiempo y que además nos obliga a mirarnos al espejo, a revisar algunas cosas.

El padre Garralda tenía una curiosa teoría sobre quiénes eran los preferidos de dios; según él, los presos, los drogadictos, los inmigrantes, los sin techo…y en ellos se volcó durante años y años a través de distintos proyectos; el más conocido seguramente, la fundaciòn “horizontes abiertos”.

El padre Garralda concebía las cárceles como centros terapéuticos, no sólo como territorios de castigo, y por eso consiguió, por ejemplo, módulos específicos para madres y niños, módulos para estudiantes; o espacios donde los reclusos pudieran superar su dependencia de las drogas. Y vivió en el pozo del Tío Raimundo, y creó un centro de rehabilitación en las tablas y estuvo en Latinoamérica donde tejió una red de ayuda para colectivos necesitados o sea, que exprimió su vida por la de otros.

Yo no sé si eso es santidad, tampoco está uno muy puesto en esas cosas, pero si cambiamos santidad por humanidad nos encontramos ante una figura gigantesca; de esas que te reconcilian con la vida. Y por eso esta tarde quiero hablarles de él.

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