Lunes, 30 de Noviembre de 2020

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El dietario de Ramoneda

Sánchez se la juega

Josep Ramoneda evalúa el intento del Presidente Sánchez por reconducir el conflicto catalán y las declaraciones de Pablo Casado y Margallo sobre el feminismo

El presidente Sánchez sitúa como objetivo prioritario reconducir la grave crisis catalana. Y a fe que lo intenta. Pero de momento el contexto no ayuda. PP y Ciudadanos en su peculiar pugna por el título de campeón de la intransigencia patriotera no están dispuestos a entrar en una vía de diálogo y están todavía en el momento represivo. Y Esquerra y PDeCAT amenazan con abandonar la mayoría si no hay avances en materia de autogobierno. Estamos ante una cuestión delicada y compleja en la que solo se puede avanzar a partir de la predisposición de todos. Y, de momento, la derecha sigue en la intransigencia y el soberanismo sigue agitando el programa de máximos, aún aceptando tantear la vía del diálogo. Sánchez se la juega, si pasa el verano sin que las expectativas mejoren, podemos ir a un otoño caliente. Y, sin embargo, hay que encontrar el camino: en democracia a dos millones y pico de personas ni se las derrota, ni se las borra, ni se las ilegaliza. Lo dice el Financial Times: hay que buscar un diálogo constructivo, que acabe dando más control a los catalanes sobre sus reservas financieras y el reconocimiento de Cataluña como nación. Puro sentido de la transacción democrática.

Dice Pablo Casado que el feminismo es “un colectivismo social que el centro derecha tiene que combatir”. Y Margallo, más sofisticado él, afirma que "hay muchas mujeres que entienden que el feminismo es una derivación del marxismo y es la nueva lucha de clases del siglo XXI.” Dicho a lo burdo, si los partidos conservadores defendieron siempre el poder del capital frente al poder de la clase obrera, es decir, el statu quo, cómo no van a defender el poder patriarcal de la contestación feminista. Efectivamente, si hay una propuesta realmente subversiva, en el sentido de cambio de las relaciones de poder, es el feminismo. Y a la derecha se le ponen los pelos de punta ante cualquier amenaza a las esencias del poder establecido. La ideología de género es “una imponente estructura de pecado”, decía el obispo Reig Pla. Y el PP sigue contando con la Iglesia como principal aparato ideológico de acompañamiento. Eterno regreso al pasado.

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