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Miércoles, 11 de Diciembre de 2019

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No me supediten a un genérico que no me corresponde

El editorial de Celia Blanco en 'Contigo dentro'

Nos gusta pertenecer a un grupo. Sentirnos acompañados, pertenecer a algo más, a una tribu, a una manada, a una familia en la que nos sintamos medianamente reconocidos. Sentirnos arropados los unos por los otros. Saber y sentir que se nos tiene en cuenta seamos quien seamos. En Suecia se preocupan por que todos los individuos sientan que forman parte del grupo. Y por revisaron su lengua y su lenguaje, el sueco. Hasta ahora, tenían su género masculino y femenino, como nuestro "él" y nuestro "ella", y a partir de ahora, los suecos tienen tambien el género neutro. Como si aquí decidiéramos que elle, incluyera a los que no son ni masculino ni femenino, las personas transexuales, incluyendo las no binarias.

Esto viene muy bien, no crean que no. Viene bien para algo tan simple como sentir que cuentan contigo para indicarte cuál es tu cuarto de baño... Y saber que da igual si tienes vulva o pene, porque tienes también un huequito íntimo, nombrado explícitamente para ti.

¿Para qué? Dicen algunos. ¿Qué necesidad? dicen otros. "Basta con incluirlos en el genérico masculino, en nuestro "ellos". Sin embargo, este género neutro lo llevan reclamando desde los años 60 en Finlandia, por ejemplo, a cuenta de la necesidad de que si la mayoría no es masculina, a cuento de qué incluir en ese género masculino. En Suecia y en Finlandia, se acogen por eso al recién creado género neutro. Para no obligar a ser ni lo uno ni lo de las otras. Permitiendo que sean lo que aquí definiríamos como todes, dándole a ese sufijo en -e, la categoría del neutro en castellano.

Hoy he cenado a solas leyendo uno de los libros que me regalaron para este verano. No esperaba que ya en las primeras páginas me revolviera poniéndome un espejo de lo que significa caer en la rutina de que tu vida sexual sea la que conoces tan bien. "La Uruguaya" de Pedro Mairal lo hace en las primeras páginas. Tentándote a que huyas de lo que hace que tu sexualidad sea una pantomima que simplemente dominas. Ya sabes cómo se corre tu chico, cómo te corres tú, ¿para qué buscar más si lo puedes solucionar en quince minutos?

Fácil. Para ser feliz.

Lo mismo que agradeces cuando hasta la academia de tu lengua se preocupa por ti, tengas el género que tengas. Yo, por mi parte, aspiro a mejorar. A aprender un poco más y a soñar con no verme supeditada a un genérico que no me corresponde. ¿Y ustedes?

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